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Cualquier momento es un buen momento para hacer negocios. Al menos así lo han demostrado diversos empresarios a lo largo de la historia, aprovechando cualquier escenario –por más complicado que este sea– para reportar ganancias en sus cuentas. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, algunas de las marcas más famosas del orbe se alinearon con la Alemania nazi para obtener contratos, insumos e incluso, mano de obra esclava.
La simpatía que Hitler tenía por las compañías “orgullosamente alemanas” permitió que muchas de ellas se convirtieran en colaboradoras cercanas del Tercer Reich.
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Gracias a esto, sus dueños –a cambio de fidelidad absoluta al Partido Nazi y sus líderes– pudieron generar utilidades, continuar su producción aún con una guerra sobre su país y establecer a sus marcas como un referente de la cultura y estilo de vida alemán.
Aquí recordamos algunas empresas famosas que se beneficiaron de las acciones de la Alemania nazi y han podido sobrevivir a su oscuro pasado.
En 1928, la compañía textil Hugo Boss obtuvo una licencia de exclusividad para confeccionar los uniformes de la Sturmabteilung (SA), las Schutzstaffel (SS), las Juventudes Hitlerianas y el Cuerpo de Automovilistas Nacionalsocialistas.
El acuerdo firmado con la Reichszeugmeisterei permitió que la empresa empleara a 140 trabajadores esclavos y 40 prisioneros de guerra franceses y polacos. Para 1941, Boss proveía vestimentas a 6 regimientos, incluyendo la Wehrmacht y las Waffen-SS. Además, había registrado ganancias por arriba de los 3 millones de RM.
Por supuesto, la gracia del Partido Nazi no era gratuita. Casi desde la fundación de su compañía en la década de los veinte, Hugo Ferdinand Boss apoyó activamente a organizaciones que empatizaban con el pensamiento nazi. También se unió al partido y participó como miembro patrocinador de la SS.
A pesar de la caída del Tercer Reich, la compañía continuó trabajando y empezó a diversificar su participación en el mercado. Su fundador fue relegado por su relación con el nacionalsocialismo y se mantuvo lejos de la marca hasta su muerte en 1948. En 2011, Hugo Boss se disculpó por beneficiarse de su cercanía con la Alemania nazi.
En la década de los treinta, la compañía estadounidense IBM fue buscada por la Alemania nazi para comprarles una gran cantidad equipos de tabulación a base de tarjetas perforadas. Estas, en su país de origen, habían sido utilizadas para llevar los registros de empleo; sin embargo, el gobierno de Hitler empleó esta tecnología para contabilizar e identificar a ciudadanos judíos que embargaría y apresaría en campos de concentración.
De acuerdo con historiadores, la filial alemana de IBM –Dehomag– destinó una gran cantidad de recursos (tanto tecnológicos y económicos como humanos) para instruir al Tercer Reich en el uso de los equipos.
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Thomas Watson, presidente de la compañía, viajó a territorio alemán en 1937 para entrevistarse con Hitler y hablar sobre el suministro de tecnologías. Durante su visita, el empresario estadounidense recibió una condecoración especial con la que el gobierno alemán reconocía la labor de extranjeros en las encomiendas del Reich.
Cuando los campos de exterminio y reclusión nazi fueron revisados por las fuerzas aliadas encontraron que las máquinas de IBM habían sido ocupadas para acomodar a los prisioneros en el lugar.
A la par de convertirse en un referente en la tecnología fotográfica, Kodak aprovechó el inicio de la Segunda Guerra Mundial para explorar diferentes alternativas de negocio en Europa.
Así fue como las filiales europeas de la compañía comenzaron a elaborar gatillos y detonadores adquiridos por el ejército nazi. También sirvieron como una fuente de flujo de divisas extranjeras en naciones neutrales (España, Suiza, Portugal), bloqueadas ante el conflicto que se vivía.
A través de Wilhelm Keppler, asesor económico de Hitler, algunas plantas de Kodak en Alemania recibieron mano de obra esclava. Según el bufete de abogados Milberg Weiss, defensores de las víctimas en los juicios del Holocausto, la fábrica en Stuttgart albergó al menos 80 esclavos durante el conflicto bélico; la planta en Berlín incluso llegó a tener 250 trabajadores esclavos.
Antes de su bancarrota, Kodak intentó reparar el daño causado donando $500 mil dólares al fondo alemán para las víctimas de trabajo forzado. Además emitieron un comunicado donde afirmaron que la compañía no había hecho “negocios con ningún país enemigo”.
Con menos de treinta años de existencia, la Bayerische Motoren Werke (BMW) comenzó a crecer en el mercado a finales de la década de los 30. Esto principalmente se dio luego de enfocarse en la fabricación de motores de avión vendidos al gobierno alemán.
A principios de los cuarenta, mientras la compañía registraba ganancias por arriba de los 750 millones de RM, el Tercer Reich les encargó la producción de la producción del motor de avión BMW 801, la motocicleta Wehrmachtsgespann, utilizada por los soldados de la Wehrmacht, y el automóvil ligero 325.
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Para cumplir con los pedidos, las fábricas de BMW en Allach emplearon a trabajadores forzosos y presos del campo de concentración de Dachau. Según consta en registros, al menos la mitad de los 56 mil empleados de la planta eran trabajadores a la fuerza.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, BMW enfrentó un bloqueo que le impidió fabricar automóviles por 3 años. Sus otros negocios también fueron prohibidos por los aliados. La recuperación de la marca se dio hasta la década de los sesenta.
Volkswagen no solo se benefició de la consolidación de la Alemania nazi; de hecho la marca se originó gracias a ella. En 1933, el flamante gobierno de Adolf Hitler instauró un plan de rescate a la industria automotriz alemana bajo la idea de producir un automóvil accesible. Un automóvil para el pueblo o Volkswagen por la unión de las palabras en alemán “Volk” (gente) y “Wagen” (auto).
El ganador fue Ferdinand Porsche, quien había diseñado en 1937 un auto económico y compacto. Debido a su forma y tamaño, la invención recibió el nombre de “Käfer” (Escarabajo). Este podría ser adquirido por “el pueblo” a través de un pago semanal de 5 marcos. Sin embargo, la producción del Kdf-Wagen (como se llamaba el modelo originalmente) nunca llegó a iniciar.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial obligó a que la fábrica de Volkswagen en Fallersleben fuera empleada para la fabricación de vehículos militares y armas. El sueño de un “auto para el pueblo” se extinguió con el paso de los años.
En 1941, las fuerzas aliadas tomaron el control de la planta y arrestaron a Porsche, acusado de su vinculación con los nazi. Años después, en diciembre de 1945, el centro de Fallersleben lanzó la primera línea de “Escarabajos”. El resto es historia.
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