Desde hace décadas, el taller artesanal ‘Majerca’ trabaja con personas neurodiversas y con capacidades motrices divergentes en Japón. Así funciona.
Japón es el único país que ha sido anfitrión de los Juegos Paralímpicos en el mundo en dos ocasiones. Con 21 sedes en todo el archipiélago, la última vez que se celebraron estos eventos deportivos fue en verano de 2020. A pesar de la pandemia y de las dificultades que los atletas enfrentan para llegar a competir, según documenta el sitio oficial de los Juegos, se llevaron a cabo con éxito en medio de la contingencia sanitaria.
El gobierno de Japón, según reporta la periodista Harumi Ozawa para AFP, impulsa la inclusión de las personas con capacidades diferentes, así como a la comunidad neurodiversa. Entre ellos, se incluyen a aquellos que nacieron con síndrome de Down, Asperger’s y otros padecimientos clínicos. A pesar de este apoyo discursivo, quienes viven con estas condiciones encuentran dificultades al momento de buscar trabajo.
En este contexto, el taller de artesanos japoneses ‘Majerca’ trabaja con personas con discapacidades motrices e intelectuales. Así funciona.
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Entre telares y tejidos

El 15 de noviembre de 2021, Harumi Ozawa visitó Majerca por primera vez. Desde la ciudad de Hachioji, al interior de la capital japonesa, encontró a personas con síndrome de Down y otras discapacidades intelectuales trabajando entre telares y tejidos elaborados. A diferencia de otros talleres, éste se caracteriza por vender las piezas en galerías internacionales a precios exorbitantes.
A pesar del prestigio del que gozan los productos de Majerca, los artesanos rara vez ven reflejado en su salario la cantidad final por la que se venden sus creaciones. Según Ozawa, mientras los tejidos se venden en escaparates junto a productos de Hermès, los artesanos apenas perciben 131 dólares al mes. En contraste, sus piezas se pueden vender hasta en 285 dólares.

Según Miho Hattori, líder de un taller de proveedores de Majerca, alrededor de 20 personas con discapacidades intelectuales trabajan ahí. Entre ellos, según explica para AFP, hay personas con más de 30 años de carrera:
“Algunos tienen una carrera de más de treinta años, y poseen suficiente experiencia como para merecer el nombre de artesanos”, declaró Hattori a la AFP.
A pesar de ello, el salario que reciben mes con mes apenas les alcanza para solventar sus necesidades básicas. Para complementar el trabajo diario, varios de ellos reciben apoyos estatales que Japón implementó como parte de sus programas de seguridad social, de acuerdo con el ministerio de Salud, Trabajo y Asuntos Sociales.
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Japón y el comercio justo

A pesar de los estímulos gubernamentales que garantiza Japón para los artesanos, el responsable de Majerca, Mitsuhiro Fujimoto, se lamenta sobre los precios en los que se venden las piezas del taller. Según la cobertura de AFP, se les paga “entre 60% y 70% del producto de la venta”. Lo que es más: Fujimoto “les anima a pedir un precio justo, no la caridad“.
Corbatas, blusas, tapetes y otros entramados complicados figuran entre el catálogo que Majerca ofrece a grandes almacenes. Todos ellos se producen directamente en el taller, por la mano de artesanos con discapacidades intelectuales. Más adelante, el taller tiene planeado expandir sus horizontes hacia la creación y diseño de muebles.

Al respecto, Fujimoto tiene la convicción de que la visibilidad de estos productos hará que la gente se sensibilice sobre la condición de los artesanos que trabajan ahí. “Al visitar Majerca, espero que la gente vea lo que están haciendo y lo que pueden hacer, y empiecen a preguntarse si están siendo tratados equitativamente“, concluye el responsable del taller.
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