Mural Réplica del fresco original hallado en el Templo de los Muralsai en un antiguo sitio arqueológico maya llamado Bonampak en Chiapas, México. La pintura data del 790 d.C. y muestra una escena de guerra. Foto: Getty Images
No fue hasta el siglo XX que arqueólogos especializados en culturas precolombinas se dieron cuenta de que los mayas habían inventado un pigmento resistente al tiempo, al clima y a los procesos colonizadores a los que se sometió América. A raíz del descubrimiento del “azul maya“, diversos artesanos y científicos por igual han dedicado sus trayectorias profesionales a imitar el tono y fuerza del color.
Todos los intentos habían sido infructuosos. El color impregnado en códices, piezas de cerámica y esculturas antiguas había permanecido como un misterio indescifrable a los ojos contemporáneos. Sin embargo, puede que un artesano yucateco finalmente haya dado con una fórmula muy parecida a la original.
El azul era un color sagrado para la cultura maya. Antiguamente, se le hacía referencia como Ch’ooh (pronunciado como: /choj/), y se produjo mayoritariamente durante el periodo que se extiende del siglo VIII hasta el 1860 de nuestra era. Los arqueólogos contemporáneos han destacado las siguientes como sus características principales:
Por esta razón, los murales que fueron pigmentados con este color han resistido las condiciones climatológicas del sureste mexicano. A pesar de ser un pigmento completamente orgánico, ha demostrado aguantar la adversidad y el peso de los siglos. Nunca antes en la Historia se había podido ni cercanamente igualar, hasta ahora.
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Con la ayuda de los habitantes de la aldea maya Xunáan Kab, así como con el apoyo de sus colaboradores y otros artesanos locales, May pasó largos años de trabajo cosechando la planta de donde supuestamente se extraía el color en la Antigüedad. Después de casi 100 años de búsqueda en todo el mundo, un mexicano logró descifrar la receta para recrear el pigmento.
Hacia finales del 2019, el ceramista mexicano Luis May sacó a la luz un triunfo nunca antes logrado: finalmente había conseguido imitar el tono y consistencia del azul maya original. Gracias a meses de trabajo artesanal y químico, el tono ancestral finalmente podrá ser patentado.
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