COMPUTER HISTORY MUSEUM
Neil Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin, Charles “Pete” Conrad. Esos son los primeros tres nombres en la lista de la NASA que registra a los hombres que han llegado a la Luna. Después de ellos, se siguen otros diez hombres blancos y estadounidenses. Sólo ellos han logrado aterrizar sobre la superficie lunar. Todos, además, fueron los protagonistas mediáticos de las misiones Apolo.
Para las primeras misiones lunares, sin embargo, requirieron mucho más esfuerzo que de la élite blanca en el poder. Personas hispanas e indígenas se dedicaron a las labores elementales que propulsaron los cohetes hasta la Luna. Especialmente, un grupo de mujeres nativo-americanas de la tributo indígena Navajo. Ésta es su historia.
Fue en 1962 que el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, declaró como una ‘prioridad nacional’ que hubiera hombres en la Luna. Las misiones lunares estarían a cargo de la NASA, por lo que la agencia puso todos sus recursos a trabajar para que los astronautas estadounidenses fueran los primeros en la historia en alunizar.
Para ello, la NASA desarrolló un programa que incluía a mujeres indígenas y negras en las misiones lunares. Varias mujeres de la comunidad Navajo participaron, según documenta la investigadora de inteligencia artificial Joy Lisi Rankin:
“[…] las mujeres Navajo que ensamblaron circuitos integrados de última generación para la computadora de guía Apollo y las empleadas de Raytheon que tejieron la memoria central de la computadora”, escribe la autora para Science News.
Estos desarrollos fueron cruciales para llevar a los hombres a la Luna, ya que la tecnología dependía en gran medida de las computadoras para funcionar. Fueron las mujeres Navajo quienes llevaron a cabo el proceso de implementación de estos dispositivos, que muchas veces, ocupaban cuartos enteros en los laboratorios de la NASA.
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A las computadoras que desarrollaron las mujeres Navajo se les conoce históricamente como Apollo Guidance Computer. Fueron los primeros dispositivos en el mundo que utilizaban microchips, y “estaban revolucionando la electrónica y la computación, contribuyendo a la miniaturización paulatina de las computadoras“, documenta Rankin.
En total, se estima que unas 5 mil personas en Silicon Valley trabajaron en el diseño de estas computadoras. Al final del proceso, fueron las mujeres Navajo quienes las ensamblaron y aprendieron a interactuar con ellos. En total, se estima que fueron un millar de personas de la comunidad las que participaron en el proceso.
Se requería de una precisión minuciosa para no atrofiar los materiales de las computadoras. Por ello, el trabajo de las mujeres Navajo en la NASA fue descrito como si viniera del “oficio tradicional, femenino e indígena de tejer alfombras“. Así como tejían en sus comunidades, empezaron el entramado histórico de ensamblaje de microchips. Sin esta labor, además, probablemente no tendríamos smartphones en la actualidad.
Ese nivel de detalle y cuidado —casi artesanal— se requería para no quebrar los circuitos. Los ingenieros que trabajaron con las mujeres Navajo se referían a su metodología como LOL: ‘Little Old Ladies’, que se traduce como ‘Mujercitas ancianas‘. Sin esta nivel de precisión, posiblemente varios de los astronautas involucrados en las misiones Apolo no hubieran vuelto a pisar la Tierra.
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