Fotografía: COLECCIÓN MUSEO HISTÓRICO JUDÍO/ÁMSTERDAM
El centro educativo estaba en Ámsterdam. Antes de la Segunda Guerra Mundial, las madres judías llevaban ahí a sus hijos para que fueran a la escuela y formaran comunidad. En la tarde, volvían por ellos para llevarlos a casa de regreso. En 1942, nada de eso era posible. Por el contrario, bajo el mando de la ocupación alemana, la comunidad judaica en los Países Bajos estuvo bajo vigilancia constante. Mientras los padres eran deportados a Alemania, muchos de los niños llegaron a manos de Henriëtte Pimentel. No se quedó de brazos cruzados.
Como educadora, fue asignada a cuidar a los niños de las familias judías que fueron enviadas a los campos de concentración alemanes. Henriëtte Pimentel tenía preparación como enfermera, y se ganó la confianza de los niños judíos por pertenecer a la comunidad sefardí. A pesar de la presión del gobierno Nazi, la mujer logró salvar a 600 niños de terminar en Auschwitz, el campo de exterminio más nutrido de todo el Tercer Reich.
Oriunda de Portugal, Henriëtte Pimentel nació en el seno de una familia de talladores de diamantes. Fue la sexta de siete hijos, y siempre se interesó por la atención a la infancia. Desde los 17 años trabajó en un jardín de niños local y, cuando tuvo la edad suficiente, se especializó como educadora de centros infantiles.
Para 1936, según la cobertura de El País, se convirtió en directora de la Guardería y el Centro de Formación de Cuidados Infantiles. La escuela capitalina estaba completamente financiada por la comunidad judía. A partir de entonces, gracias a su administración se hizo de buen nombre entre ellos. Luego llegó la ocupación Nazi.
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A pesar de que le ofrecieron asilo para esconderse, Henriëtte decidió quedarse en la escuela: tenía que cuidar de los niños que le habían encargado. Esta convicción la obligó a trabajar para los soldados nazis. A pesar de que estaba bajo observación constante, logró rescatar a cientos de niños judíos en situación vulnerable.
Aunque muchos de ellos perdieron a sus familias para siempre, pudieron volver a empezar en otro país, literalmente desde cero. Aunque nombres como ‘Schindler’ resuenan más entre las historias de personas que lograron hacer algo por la comunidad judía en los años más crudos de la guerra, Henriëtte Pimentel se destacó de entre ellos por enfocarse en sacar a los niños del régimen nazi.
En su momento, Pimentel logró falsificar documentos, conseguir comida y transporte para que salieran para siempre de Holanda a otros países. Algunos de ellos llegaron a Estados Unidos. Otros terminaron en América Latina, lejos de la presión política de ser perseguidos por profesar una fe en específico.
Fueron contados los casos de las familias que pudieron volver a reunirse. Muchas de ellas, como se conocían de mucho tiempo atrás, lograron contactarse por medio de Henriëtte Pimentel. Desde otra vida, lejos de las hostilidades de la administración alemana, unos cuantos pudieron empezar otra vez. Borrón y cuenta nueva, después de la gestión humanitaria de una educadora portuguesa.
Su agenda apretada por sacar niños judíos de los Países Bajos encontraría su final el 23 de julio de 1943. Ese día, un escuadrón de soldados alemanes entraría a la escuela para exterminar a los niños restantes y al personal de la institución. Henriëtte Pimentel fue enviada a Auschwitz. Murió ahí alrededor del 17 de septiembre de ese año.
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