Imagen: Joseph-Nicolas Robert-Fleury / Wikimedia Commons
El proceso se extendió a lo largo de 23 años. Al inicio, Galileo tenía 46 años, y una trayectoria extensa como investigador astronómico. A pesar de ser reconocido por sus contemporáneos como uno de los ‘motores de la revolución científica’ en el Renacimiento, la Inquisición mostró enérgicas reservas en contra de sus desarrollos matemáticos, físicos y filosóficos. El más grave de ellos fue su defensa sobre la teoría heliocéntrica.
En ese entonces, la Iglesia Católica consideraba que el planeta Tierra era el centro del Universo. No sólo eso: cualquier persona que se atreviera a decir lo contrario —aunque pudiera demostrarlo— estaría fuera de la línea de la Palabra de Dios, y debería de ser castigado con la hoguera. La Santa Inquisición fue el órgano encargado de llevar a cabo estos escarmientos mortales.
Galileo Galilei estaba en la lista de pecadores, acusados de herejía.
Galileo Galilei basó su corpus de investigación en el método científico. Para 1616, a pesar del rigor con el que conducía sus experimentos, ya se le había acusado en varias ocasiones de desafiar el pensamiento católico con sus ideas. A los ojos de la Inquisición, cada nueva teoría era todavía más herética, opuesta al arreglo divino con el que concebían el Universo.
A pesar de las advertencias de la Iglesia Católica y de la Inquisición, Galileo siguió enseñando a su alumnado sus descubrimientos. Especialmente los que tenían que ver con los movimientos de los cuerpos celestes sobre el cielo nocturno. Ese año, Galilei publicó un tratado sobre cómo las mareas eran evidencia que sustentaba el movimiento de la Tierra.
Publicado bajo el título de Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo en 1632, Galileo defendió implícitamente al heliocentrismo: la teoría que afirmaba que el Sol es el centro del Universo. Esta idea se oponía a la teoría geocéntrica, que ubicaba a la Tierra como centro de todas las cosas que existen —y por lo tanto, al ser humano.
Aunque la idea fue originalmente de Copérnico, la publicación causó conmoción en la comunidad científica renacentista. Muy pronto, por su popularidad inmensa, llegó a manos de inquisidores poderosos. Por confrontar la teología católica, la Inquisición condenó a Galileo como ‘vehementemente sospechoso de herejía‘ en 1633.
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Cualquier publicación o enseñanza sobre el movimiento o del acomodo de los planetas que Galileo hubiera hecho quedó terminantemente prohibido por la Inquisición. Especialmente, sus afirmaciones en Mensajero de las estrellas, el libro donde compiló todo su conocimiento con respecto a cómo se mueven los cuerpos celestes.
Para evitar morir en la hoguera, la Iglesia Católica le pidió ‘abstenerse a enseñar o defender’ estas ideas. La otra alternativa era renunciar a todos sus trabajos pasados para siempre. Así lo especificó la autoridad eclesiástica en el Mandato de la Inquisición contra Galileo, donde se estableció que él debería de:
“… abstenerse por completo de enseñar o defender esta doctrina y opinión o de discutirla … abandonar por completo … la opinión de que el sol se detiene en el centro del mundo y la tierra se mueve, y de ahora en adelante no sostener, enseñar, o defenderlo de cualquier manera, ya sea oralmente o por escrito”.
Frente a la mirada pública, el científico no tuvo de otra. La única opción era renunciar.
Y así lo hizo.
Para ello, además, Galileo tuvo que escribir una carta en la que renunciara a sus ideas heréticas. De este documento existen dos versiones, que la Iglesia eventualmente aceptó. De acuerdo con Nature, sin embargo, el científico dejó una ventana de ambigüedad en una de las misivas:
“En un caso, Galileo se refirió a ciertas proposiciones en la Biblia como ‘falsas si uno se basa en el significado literal de las palabras’. Cruzó la palabra ‘falso’ y la reemplazó por ‘lucir diferente a la verdad’. En otra sección, cambió su referencia a las Escrituras que “ocultan” sus dogmas más básicos, por el ‘velo’ más débil”, explica la corresponsal Alison Abbott.
De acuerdo con la autora, ésta podría ser una de las primeras evidencias de resistencia científica y política contra la represión de la Iglesia Católica. Lo que es más: la carta de Galileo Galilei podría ser evidencia suficiente para decir que engañó a la Inquisición, y continuó con sus estudios a pesar de ser ‘vehementemente sospechoso de herejía‘ hasta el último de sus días.
Murió a los 77 años por vejez. Sus restos fueron enterrados en una cripta pequeña, ya que su sentencia vitalicia no le permitía más lujos, honores, ni reconocimientos.
Nunca pisó la hoguera.
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