Ilustración de Gregory Manchess
Todo comenzó en el barco de pasajeros Bonetta, el 9 de noviembre de 1716. John King y su madre se dirigían a Antigua desde Jamaica cuando una banda de piratas liderada por Samuel “Black Sam” Bellamy asaltaron la embarcación.
Mientras su madre y el resto de la tripulación observaban el ataque con horror, temiendo por sus vidas, John King sentía una creciente fascinación al ver la escena. Muy en el fondo siempre había sentido el deseo de ver de cerca a un grupo de piratas salvajes.
El pequeño de 11 años tomó una decisión: le dijo a su madre que le dejara marcharse con los hombres de “Black Sam”. El mismo capitán del Bonetta, Abijah Savage, fue testigo de los ruegos del niño, quien supuestamente llegó a amenazar a su madre con quitarse la vida si no le dejaba llevar a cabo su deseo.
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Así lo relata un texto de la época que recogió el testimonio de Savage sobre lo ocurrido:
“Un John King que venía como pasajero con él desde la citada isla de Jamaica a la isla de Antigua abandonó su balandro, y se fue con los piratas, y estaba tan lejos de ser forzado u obligado por ellos como el declarante pudo percibir o aprender, que declaró que se mataría a sí mismo si era restringido, e incluso amenazó a su madre que estaba entonces a bordo como pasajero con el declarante”.
John King no tenía ninguna necesidad de convertirse en pirata. Su familia tenía dinero. Al momento del asalto, el niño vestía con medias de seda tejidas a la francesa y zapatos de cuero abrochados con hebillas, lo que reflejaba un estilo de clase alta del siglo XVIII.
Con lágrimas en los ojos y una creciente angustia, la mujer dejó a su hijo marcharse con aquella banda de delincuentes que estaban más que encantados de recibir a bordo al niño.
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En aquellos tiempos no era infrecuente ver a niños a bordo de barcos piratas. En ellos tenían la oportunidad de ganarse la vida como grumetes o chicos de la pólvora (powder monkey). Para algunas familias era mejor que sus hijos vivieran en altamar a verlos trabajar en las fábricas de hollín donde ganaban mal y ponían en riesgo su salud.
Ken Kinkor, historiador del Centro de Aprendizaje y Laboratorio Marino de la Expedición Whydah, especula sobre la decisión de King de convertirse en pirata a tan temprana edad:
“Tiendo a pensar que, por lo que sabemos de Bellamy, era un individuo carismático. Creo que Bellamy pudo haber admirado el espíritu del chico. Casi puedo ver a este chico rogando a Bellamy que le deje unirse y a Bellamy sin tener el corazón para negarse”.
Junto a la tripulación de Bellamy, John participó en el asaltó de varios barcos en el Caribe durante los meses siguientes. En febrero de 1717, entre las islas de Cuba y Haití, el Marianne se topó con el Whydah, una galera de esclavos fuertemente armada. Bellamy la capturó y decidió convertirla en su nuevo barco.
Sin embargo, la vida de King como pirata duró poco. El Whydah se hundió el 26 de abril de 1717 frente a las costas de Cape Cod, Massachusetts. Sólo dos hombres sobrevivieron de una tripulación de aproximadamente 145 personas.
El naufragio se descubrió en 1984 gracias a los esfuerzos del buzo Barry Clifford, quien desde su niñez escuchó las historias sobre el Whydah. Su búsqueda comenzó en 1982 y sus esfuerzos rindieron frutos dos años después cuando comenzó a extraer muchos objetos del fondo marino, como cañones, “piezas de ocho” de plata y otros artefactos.
Sin embargo, el hallazgo más importante se dio en 1989: un peroné (hueso de la parte inferior de la pierna), el zapato y una media de seda de talla pequeña. En un principio, Clifford pensó que se trataba de las pertenencias de un hombre muy pequeño.
Hasta 2006, investigadores del Centro de Arqueología Histórica de Florida y del Instituto Smithsoniano examinaran el hueso. Sus resultados indicaron que pertenecía a un niño de entre ocho y once años. Inmediatamente los historiadores relacionaron el hallazgo con la historia de John King.
Según la leyenda, el día del naufragio Bellamy se dirigía a visitar a una novia cuando el barco se enfrentó a una fuerte tormenta que terminó por hundirlo.
Los restos del pirata más pequeño del que se tiene registro forman ahora parte de la colección del Whydah Center de Provincetown, Massachusetts.
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