Vista de una Wunderkammer: Jan Bruegel y Peter Paul Rubens, Alegoría de la vista, 1617, Museo del Prado, Madrid, España.
Fue durante el siglo XVII cuando surgieron los gabinetes de curiosidades (Wunderkammern) o salones de las maravillas. Estos sitios estaban destinados a la exhibición de objetos curiosos, excéntricos o extraños provenientes de diversos sitios del mundo.
En ellos había antigüedades, objetos de historia natural (como animales disecados, fósiles, insectos secos y herbarios) o incluso obras de arte. En ellos también se mostraban especies animales exóticas que venían de otros continentes (como América). Era tal la cantidad de objetos que se podían encontrar que se les considera como los antecedentes más tempranos de los museos de historia natural.
Uno de los primeros gabinetes de curiosidades perteneció al jesuita alemán Althanasesus Kircher, en la ciudad de Roma. Entre las colecciones más famosas se encuentran las de Rodolfo II en Praga, la del emperador Fernando II, archiduque de Austria en Schloss Ambras en Innsbruck, o la del rey de Polonia, Augusto III.
Mientras que al norte de las montañas alpinas estos almacenes se llamaban Kunstkammer o Wunderkammer, en la península italiana se les llamaba stanzino, studiolo, o más a menudo museo, o a veces galleria, nombre que se aplicaba sobre todo a las colecciones de pinturas y obras de arte que podían contener también curiosidades, como la Galleria de los Medici. El studiolo más grande fue el de Francesco I de Medici, Gran Duque de Toscana.
Los gabinetes de curiosidades eran la respuesta de los aristócratas para animar las opulentas pero aburridas fiestas del Renacimiento italiano. En mesas apartadas, o en vitrinas especiales, guardaban objetos conseguidos en viajes a lugares lejanos. Sus invitados se maravillaban con esto o aquello que su anfitrión guardaba como algo especial o único.
“El coleccionismo de objetos preciosos era una tradición muy arraigada entre los poderosos, por lo que los primeros gabinetes de curiosidades funcionaban habitualmente como símbolos de estatus social”, afirma el Sotheby´s Institute of Art.
Cabe resaltar que estas colecciones no tenían un criterio ni un orden en su exposición, sino que se presentaban conforme a las propias ideas del dueño. Cuando estos objetos llegaban a ser mayores o ya no era suficiente para mantenerse en una habitación o en un casa, surgió la idea de trasladarlos a sitios mucho mayores para su exposición. Así se fue fraguando la idea de los museos.
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