Fotografía: Cesare Lombroso / Wikimedia Commons
La sesión empieza tarde, a eso de las 10 de la noche. El cuarto está revestido con cortinas pesadas de terciopelo. En el centro de la habitación, una mesa redonda está adornada con velas, en torno a un arreglo extraño cartas y una bola de cristal. Una mujer con el pelo crespo y una mirada taciturna les da la bienvenida. Todos se sientan a la mesa y se toman las manos: es momento de reconectar con los seres queridos que ya no están.
De debajo de la mesa, saca una fotografía con el rostro de los espíritus partidos. Asegura que están ahí, presentes en el mismo cuarto, entre ellos. Los familiares vivos dejan salir un grito ahogado: en torno a la cara de uno de ellos aparecen —como difuminados, venidos a menos— las caras de los muertos, con un gesto impávido en el rostro. En la década de 1860, a esta técnica se le conoció como ‘fotografía de espíritus’.
Frente al duelo, la razón no es la mejor compañera. Desde los inicios mismos de nuestra especie, una conexión con los seres que han trascendido a otro plano de consciencia ha inquietado a los seres humanos. La fotografía de espíritus vino a solventar esta etapa de duelo para las personas en el siglo XIX. Acongojadas por el dolor de la pérdida, muchas personas recurrieron a médiums para contactar con quienes ya habían partido.
A la par de los primeros esfuerzos por lograr avances tecnológicos con la fotografía, las médiums de Estados Unidos y del Reino Unido aprovecharon el desarrollo de la imagen para falsear algunas de ellas con sus propios fines. De acuerdo con
“La otra vida imaginada por el espiritismo atrajo a las mujeres que rechazaron la idea de que sus hijos no bautizados pudieran ser condenados al infierno“, escribe Hamer en su artículo para The Conversation. “Todos los que habían muerto jóvenes (soldados, niños y las muchas mujeres que no sobrevivieron al parto) fueron atendidos en este ámbito y se mantuvieron los lazos emocionales con ellos”.
Por ello, la fotografía de espíritus fungió como un sustento emocional para las personas que, de pronto, perdían a un ser querido a causa de la guerra, la enfermedad, o la negligencia médica. Paralelamente, una industria oscura —y poco conocida en la actualidad— de brujas y médiums se benefició significativamente del dolor ajeno. Así conjuraban la ilusión.
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No todas las sesiones de espiritismo se llevaban a cabo en las noches. Por el contrario, las lecturas de Tarot y la quiromancia se hacían en plena luz del día. Lo más común, además, era que se llevaran a cabo en las casas de las familias que necesitaban ese tipo de acompañamiento.
A pesar de que, en ese entonces, la cultura victoriana restringía gravemente las prácticas satánicas, la fotografía de espíritus se convirtió en una técnica de manipulación de la imagen común en Europa y algunos países de América. Aún así, tuvo críticas duras por parte del ámbito científico, que descalificó siempre este tipo de prácticas como un engaño. Quienes no llegaban a ese extremo crítico, mantuvieron una distancia escéptica.
Para hacer fotografía de espíritus, sólo bastaba con empalmar dos fotografías independientes en una misma imagen. De esta forma, parecía que el espíritu estaba presente, pero en otro plano de existencia. Por ello, las figuras ‘espectrales’ parecían difuminadas, como si fueran fantasmas. El asunto era que, en realidad, no lo eran.
Además, hubo casos en los que algunos fotógrafos de espíritus fueron multados. Especialmente aquellos que cobraron cantidades exorbitantes por sus servicios. Algunos de ellos, incluso, terminaron en la cárcel, explica Hamer en su artículo.
En la actualidad, múltiples aplicaciones y programas permiten que la fotografía de espíritus pueda replicarse. Además de las plataformas digitales de edición, quienes utilizan todavía los formatos análogos pueden imitar este mismo efecto con la doble exposición.
Con esta técnica, también se pueden superponer dos fotografías en una misma imagen, como se muestra debajo de este subtítulo. Como se ve, una imagen parece estar en otro plano, porque sí lo está. Como ambas imágenes se tomaron en momentos diferentes, una se difumina más que la otra. Visto con la mirada de la época victoriana, fácilmente podría presentarse como la foto de un fantasma.
Este tipo de técnicas deben de abordarse, sin embargo, como lo que son: maneras de manipular las imágenes con fines artísticos. La ciencia detrás ellas está relacionada con cómo se atrapa la luz para generar una composición determinada. No tanto así, sin embargo, con realizar retratos de personas que ya no conviven con nosotros en el mundo.
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