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La fe cristiana explica que los estigmas son representaciones del sufrimiento de Jesús desde que fue capturado, hasta su crucifixión y muerte. De ahí que según los creyentes, los estigmas aparezcan en forma de lesiones producidas por latigazos, azotes y los clavos propios de la crucifixión.
Los estigmas ocurren en partes del cuerpo localizadas, relacionadas históricamente con las representaciones iconográficas de la pasión de Cristo. Las heridas sangrantes de las palmas de la manos, en el costado derecho, en la planta de los pies o alrededor de la coronilla son su manifestación más frecuente.
El primer caso registrado de una persona estigmatizada es el de San Francisco de Asís, canonizado en 1228. Según la tradición católica, un serafín se apareció frente al santo, provocándole estigmas en las manos, pies y el costado derecho del cuerpo, mismos que llevó consigo hasta el final de sus días.
A pesar de que la canonización de personajes que han heridas de Cristo es común, la Iglesia ha mantenido una posición históricamente reservada ante los estigmas y por lo tanto, no existen bulas papales ni encíclicas que tomen una postura “oficial” desde el catolicismo al respecto, ni pronunciamiento explícito alguno para reforzar la fe desde la aparición de estas heridas.
Desde una perspectiva científica, no existe evidencia alguna para plantear la posibilidad de que los estigmas tengan un origen sobrenatural. En su lugar, estas heridas son similares a cualquier otra causada con un objeto punzocortante.
De la misma forma que ocurre con las pseudociencias y otros fenómenos sobrenaturales, la “evidencia” ofrecida por quienes experimentan estigmas se limita a fotografías, videos y sobre todo, testimonios de estas heridas; sin embargo, no existe ningún caso en el que algún estigma haya sido examinado médicamente para indagar en su naturaleza y causas.
Del mismo modo, no existe evidencia documental de la aparición repentina de estigmas que comienzan a sangrar y ninguna persona estigmatizada ha sido monitoreada para determinar el momento en que “surgen” las heridas.
Por lo tanto, no hay motivo para caracterizar a los estigmas como un fenómeno sobrenatural, ni indicio alguno de que estas heridas no sean autoinfligidas.
La dificultad de indagar científicamente en el tema está relacionada con su naturaleza: los estigmas son parte de una larga tradición religiosa, relacionada con el tópico más decisivo en la historia del cristianismo: la crucifixión de Jesús.
Por lo tanto, los estigmas pertenecen a un sistema de creencias indemostrable que no requiere ninguna comprobación para los millones de creyentes que profesan el cristianismo en todo el mundo.
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