Auxiliares de la SS durante la liberación del campo de concentración de Bergen-Belsen. Foto: Getty Images
A 76 años de la caída del Tercer Reich, los esfuerzos por llevar ante la justicia a los cómplices de los crímenes de guerra siguen alcanzando sus últimas consecuencias. En el verano de 1943, una joven alemana de 17 años identificada por la justicia como Irmgard F., comenzó a laborar como secretaria de Paul-Werner Hoppe, comandante encargado del campo de concentración de Stutthof, el primer centro de detención y exterminio creado por los nazis más allá del territorio alemán en 1939.
Como cualquier secretaria, su labor consistió en tomar notas, gestionar archivos y responder correspondencia durante 2 años y diez meses en las oficinas de Stutthof, mismas que abandonó en mayo de 1945, días antes de que el Ejército Rojo lo liberara apenas 48 horas después de la rendición incondicional alemana.
76 años después de que Irmgard F. dejara Stutthof para siempre, la fiscalía de Itzehoe, al norte de Alemania, acusó a esta mujer de ser cómplice de 10 mil asesinatos e intentos de asesinato ocurridos durante el lapso que laboró en el campo de concentración.
Los cargos se sustentan en una investigación que comenzó cinco años atrás y según The New York Times, están vinculados a la responsabilidad de la entonces menor de edad en el funcionamiento diario del complejo.
La imputación a Irmgard F. es el último de los esfuerzos de la justicia alemana para continuar con un proceso que comenzó con los juicios de Nuremberg en 1945, que se ralentizó durante la Guerra Fría y que en los últimos años ha emprendido una carrera contrarreloj para juzgar a empleados de bajo rango que contribuyeron al Holocausto.
Vigilantes, guardias de seguridad y administrativos nonagenarios que participaron directamente en la maquinaria del Tercer Reich han sido llevados frente a la justicia después de años de investigaciones; sin embargo, el caso de la secretaria de Stutthof es peculiar:
Debido a que en el momento de los hechos Irmgard F. era menor de edad, su caso será llevado por un tribunal de menores, que se encargará de juzgar su participación y responsabilidad en los crímenes cometidos en el campo de concentración durante su estadía en él.
Se estima que desde que comenzó a funcionar y hasta su liberación, Stutthof recibió al menos 110 mil prisioneros, de los cuales aproximadamente 80 mil perdieron la vida entre 1939 y 1945.
En su defensa, la mujer nonagenaria asegura que aunque sabía de algunas “ejecuciones aisladas”, desconocía de los crímenes que se llevaban a cabo dentro del campo de concentración, alegando que la ventana de su oficina daba hacia el exterior del campo y por lo tanto, resultaba incapaz de enterarse de lo que ocurría al interior.
En 1943, el campo de exterminio de Stuttohf se expandió con la construcción de una cámara de gas, además de vagones y un crematorio para contribuir al genocidio, llamado ‘solución final’ por el Tercer Reich.
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