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El emperador romano que estableció el 25 de diciembre como Navidad

En un afán de unificar al Imperio Romano bajo una misma fe, Justiniano I estableció el 25 de diciembre como la fecha oficial de Navidad.

Justiniano I necesitaba una estrategia para unificar a su territorio. El Imperio Romano estaba inmerso en potentes presiones políticas tras el cisma con Occidente. Por esta razón, cuando tomó posesión de la corona, se propuso a sí mismo recobrar el esplendor del Imperio Clásico, reconquistando los territorios perdidos del otro lado del mundo. Algunos historiadores lo conciben como el “último de los romanos” por esta razón.

Después de una persecución sanguinaria y pesada contra los cristianos, a Justiniano le quedaba claro que la matanza religiosa no podía seguir así. Por el contrario, por la expansión masiva que había tenido esta nueva fe sobre sus tierras, lo más conveniente para el Imperio era unificar al territorio conquistando las almas de las personas.

Con esta intención en mente, preparó un código de conducta que le ganó un espacio en los anales de la historia romana. En este documento, entre otras cosas, estableció el 25 de diciembre como el día oficial en el que se conmemoraría el nacimiento de Cristo. La fecha, sin embargo, no fue una arbitrariedad. Ésta es su historia.

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Con el nacimiento de Apolo

Imagen: Wikimedia Commons

Antiguamente, entre el 17 y el 23 del último mes del año, en el Imperio Romano se celebraban las saturnales: las fiestas de cosecha con las que concluía el ciclo solar en la Antigua Roma. En honor a Saturno, el dios del tiempo y la sabiduría, los romanos se reunían para despedir el año y disolver las normas sociales. Durante este periodo de fiesta, los excesos y la locura eran bienvenidos.

¡Io Saturnalia!, se gritaba a todo pulmón para despedir el año, con el favor de Saturno. Así pues, con el término de las saturnales se daba pie al festejo del nacimiento de Apolo. Simbólicamente, se trataba de cómo la luz solar vencía a la oscuridad. De la misma manera, era la forma en la que se explicaba que los días fueran más largos durante hacia el fin del año.

La fiesta decembrina romana de Natalis Solis Invicti celebraba el nacimiento de Apolo, el dios del Sol. Coincidentemente, los romanos acostumbraban reunirse el 25 de diciembre para tomar y comer con estos fines. Por las mismas fechas, se estableció este día como el solsticio de invierno, que en el Imperio Romano se conocía como ‘bruma’.

A pesar de que Justiniano ya no le rendía culto a estas divinidades —ahora consideradas paganas, o herejes— sabía muy bien la importancia histórica y cultural que las fechas tenían para sus súbditos. Lo que es más: tenía claro que las fiestas de fin de año estaban enraizadas fuertemente en el imaginario colectivo. Cambiar las figuras de adoración, sin modificar las fechas, sería más fácil que establecer un calendario nuevo.

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¿Y esto qué tiene que ver con la Navidad?

Imagen: Wikimedia Commons

Específicamente en alrededor del año 353 d.C., explica National Geographic, “el papa Julio I, que fijó la solemnidad de Navidad el 25 de diciembre, a pesar de la creencia de que Jesucristo nació durante la primavera, quizá con la intención de convertir a los paganos romanos en cristianos“. Esto sucedió poco menos de 2 siglos antes del mandato de Justiniano.

Sin embargo, el emperador de Oriente retomó esta línea solemne para establecer el 25 de diciembre como una fecha sacra en todo el imperio. Oficialmente, a partir del año 529 d.C., Justiniano retomó las antiguas festividades romanas dirigidas al Sol y al Tiempo para convertirlas en la conmemoración oficial del nacimiento de Cristo.

Aunque en la Biblia no se establece con claridad una fecha para el nacimiento de Jesús, el emperador romano consideró conveniente empatar las antiguas festividades ‘paganas’ con su nueva propuesta de fe. De esta manera, además, realmente unificó al cristianismo ortodoxo. Al punto que, históricamente, se sigue celebrando Navidad el 25 de diciembre año con año.

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