Ilustración: Wikimedia Commons
En el año 897, los restos del Papa Formosus fueron exhumados desde su tumba en la Basílica de San Pedro. El cuerpo fue transportado hasta un estrado, donde cientos de otros representantes de la Iglesia Católica le esperaban con sorna. Antes de llegar, el muerto fue ataviado con las vestiduras más ostentosas que se habían visto hasta entonces en el Vaticano. Al frente del tribunal, estaba el Papa Esteban VI, quien precedería el simposio cadavérico: el primer juicio a un pontífice muerto.
Formosus condujo un pontificado complicado. Entre las disputas por el control de los Estados Papales, las misiones a Francia y el Sacro Imperio Romano, murió el 4 de abril del año 896 con varios asuntos por resolver a nivel político y religioso. Pocos meses después de su entierro, su sucesor, Esteban VI, decidió que el dirigente difundo debería de pagar por todos sus pecados terrenales.
Una vez que el evento empezó, cientos de personas se reunieron para acusarlo de todas sus fechorías papales. En medio de gritos, insultos y un tumulto cada vez más nutrido de personas, el cuarto se sacudió. En ese momento, los presentes no entendieron que se trataba de un temblor, según cuenta la historiadora Amelia Sloth en su artículo para JStor.
Por el contrario, en los albores de la Edad Media, pensaron que era el mismo Formosus manifestando su ira ante las acusaciones enardecidas. Incluso en medio del caos, Esteban VI no se detuvo: por el contrario, continuó exponiendo sus argumentos para afirmar que su antecesor había usurpado el título de Papa, para proteger sus propios intereses como administrador de la Iglesia. A este evento se le conoce históricamente como ‘simposio cadavérico’.
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Al terminar el evento, el Papa muerto fue despojado de sus ropajes ostentosos. Una por una, sus artículos personales fueron hurtados por los presentes. Anillos, capa, zapatos. Todo. Más aún: tres de sus dedos, que utilizó en vida para dar la bendición, fueron arrancados y arrojados al río Tíber, que cruza Roma.
Una vez que terminó el simposio cadavérico, Esteban VI gozó de una victoria muy corta. A pesar de que logró que el cuerpo de Formosus fuera expuesto ante una multitud iracunda, aquella era una época difícil para dirigir la Iglesia. Aunque los pontífices gozaban de gran poder en Europa, también estaban en la mira de otras personas que querían ocupar sus puestos —monarcas, políticos, otros líderes religiosos: todo el mundo quería una oportunidad para gobernar Roma.
Por ello, ser electo como Papa no era necesariamente una buena noticia. Pocos meses más tarde, Esteban VI fue encarcelado por sus propios crímenes religiosos y políticos. Unas cuantas noches después, fue estrangulado hasta la muerte. Fue así como se ganó un espacio entre los pontífices menos longevos de la historia del Vaticano. Sin embargo, se le recuerda más por haber enjuiciado al cadáver de un Papa, mientras se descomponía frente a una multitud enfurecida de feligreses inconformes.
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