Fotografía: Jabberocky / Wikimedia Commons
La noticia causó conmoción en la prensa internacional: un granjero en Queensland, Australia, aseguraba que una serie de círculos en su campo de cultivo habían aparecido de la noche a la mañana. Según él, una estructura voladora de metal había emergido de un pantano, y se había dirigido hacia su propiedad para imprimir formas geométricas perfectas. Era 1960.
El caso ocasionó tal sensación, que la fuerza aérea de Australia sobrevoló su propiedad para investigar qué era lo que estaba pasando. Nunca encontraron al autor de estos círculos que, para entonces, ya se le atribuía a seres alienígenas. Para acallar el escándalo, el Estado lanzó un comunicado en el que se asociaba esta aparición a fenómenos naturales. A nivel oficial, el asunto quedó cerrado.
Sin embargo, el misterio de los círculos alienígenas no se apagó ahí. Era la primera vez en la historia que seres de otros planetas ‘querían comunicarse’ con la humanidad. Una euforia colectiva —que, vista bien, podría entenderse como histeria— se encendió con fuerza durante al menos 20 años. Ésta es su historia.
La perfección de las formaciones geométricas llevaron a concluir a un número creciente de personas que los círculos en los campos de cultivo eran alienígenas. Como nadie realmente había documentado el proceso de creación de estas apariciones, fue fácil caer en el discurso de que los dirigentes diversos países estaban ocultando información sobre contacto con seres de otros planetas.
El caso del granjero australiano no fue el único. En los próximos 10 años, la euforia por establecer comunicación con alienígenas migró al Reino Unido, donde miles de personas se afiliaron a una línea de investigación ‘seria’ para descubrir el origen real de estas formaciones finas, precisas, misteriosas. Empezaron a llamarlos ‘argoglifos’: diseños sobre los campos de cultivo, según su origen etimológico.
Los ufólogos —como se llamaron a sí mismos— establecieron algunos parámetros para determinar que los diseños y círculos fueran efectivamente alienígenas. La más clara de ellas eran las dimensiones: generalmente eran monumentales, muy extensos, y demasiado ‘perfectos’ para venir de la manufactura humana.
Algunos decían que eran evidencia suficiente para determinar que los aliens estaban alertando a la humanidad de una inminente guerra intergaláctica. Nadie había identificado a los autores de estas formaciones. Así que, el campo estaba literalmente abierto para cualquier tipo de especulación.
Hasta que el fenómeno llegó a Estados Unidos.
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A pesar de que, desde entonces, la ciencia mostró escepticismo hacia estas teorías de conspiración, a nivel mediático siempre ha sido atractivo hablar de extraterrestres, como explica el ecólogo evolutivo James McDonald:
“Estos patrones aparecerían misteriosamente de la nada, generalmente de la noche a la mañana […]. El fenómeno no tenía una causa conocida, desconcertaba a los expertos pero proporcionaba mucho trabajo a los productores de especiales de televisión”, escribe el autor para JStor.
A pesar de todos los esfuerzos para documentar el proceso, los investigadores serios nunca lograron hacerlo. Por el contrario, aunque que se orquestaban misiones para ‘atrapar extraterrestres’ en las condiciones perfectas, todas fueron infructuosas. Para la década de los 90, los meteorólogos aseguraban que estos círculos ‘alienígenas’ provenían de torbellinos poco estudiados.
Esta teoría cobró fuerza, especialmente, porque casi todos los círculos ‘alienígenas’ aparecían al sur de Estados Unidos. Además de ser una región conservadora, con poco acceso a una formación académica sólida, esta zona históricamente ha sido propensa a este tipo de fenómenos violentos. Así nació la teoría del tornado.
Pocos años más tarde, la hipótesis perdería validez.
Los ufólogos no se esperaban un desenlace tan vergonzoso. Hacia finales de la década de los 90, Doug Bower y Dave Chorley se pronunciaron ante la prensa internacional. Ambos eran granjeros en el Reino Unido. Por años, habían documentado la aparición de ‘círculos alienígenas’ en los entornos rurales británicos.
Sin embargo, la farsa había llegado a su fin. Bower y Chorley confesaron haber comenzado con la técnica para realizar estos diseños sobre la cosecha muerta en 1978. Con cuerdas y una tabla de madera, cortaban el maíz quemado para formar estos diseños gigantescos. Con el tiempo, otros autores empezaron a emerger, revelando la forma en la que aplanaban los cultivos en círculos.
Algunos diseños tardaban meses en terminarse. En algunos casos, les llevaba todo el verano. Sin embargo, siempre se hacían durante la noche, para no levantar sospechas. Fue así que los ufólogos y otros ‘estudiosos’ de la actividad paranormal fueron relegados a la pseudociencia. Algunos afiliados furiosos aseguraron que Bower y Chorley habían sido comprados por ‘el gobierno’, y continuaron en su línea conspiranoica.
A la fecha, la euforia por los alienígenas no ha muerto del todo. Hay quienes piensan que los círculos ‘alienígenas’ son inexplicables. Lo cierto es que no han vuelto a aparecer en muchos años.
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