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Marco d’Aviano era conocido por obrar milagros. Como parte de una orden de frailes encapuchados, hacía apariciones públicas vistosas en las que curaba a los enfermos y le devolvía la vista a los ciegos. La gente se congregaba en la plaza principal del pueblo para verle sanar a los demás. Monjas, familias acaudaladas y mendigos por igual se le acercaban para recuperar la salud.
Una noche, mientras oraba en la intimidad de su claustro, el fraile recibió un llamado divino. En el trance de su arrobamiento, se dirigió a la cocina del convento y se puso a cocinar. Por instrucción divina —y casi sin saberlo— estaba a punto de inventar una de las bebidas calientes que acompañarían a la gente a despertar todos los días. Ésta es la historia de origen del café capuchino.
Marco d’Aviano recibió su nombre por su pueblo natal, Aviano: una comunidad pequeña cerca de la actual Venecia, al norte de Italia. Se educó como jesuita ahí mismo, e intentó migrar a Creta para continuar con sus estudios. Sin embargo, había una situación tensa con el Imperio Otomano y su propio país. Por ello, tuvo que huir a un puerto en Eslovenia, donde la orden de los capuchinos le dio asilo político.
A esta congregación se le conocía así por su típico hábito café con ‘capucha’, según documenta la BBC. Fue esta orden quien inspiró más tarde a los franciscanos, otra orden italiana, para formarse desde la humildad y el servicio a Dios por medio de los demás. Muchas veces, para evitar los ‘lujos’ de la vida en sociedad, terminaban siendo ermitaños dedicados a por completo a la oración.
Algunos años más tarde, después de ser acogido por la orden, Marco d’Aviano se convirtió en el confesor del emperador austríaco Leopoldo I. Para la década de 1680, ya llevaba una vida acomoda en Viena, en torno a la corte. A la par, las tensiones con el Imperio Otomano habían tomado una dimensión diferente: en ese entonces, ya se hablaba de invasiones al territorio austriaco.
En 1683, una batalla brutal estalló.
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A la batalla que se desató ente austriacos y otomanos se le conoce como ‘Batalla de Viena‘. Desde su claustro, Marco d’Aviano pidió por la paz y la seguridad de su nuevo país. Inesperadamente, los turcos se retiraron del territorio, dejando detrás sacos pesados en las calles.
Al investigar de qué se trataba, los vieneses se dieron cuenta de que estaban llenos de granos de café. Los frailes se lo llevaron al convento para aprovecharlo, pero la bebida les resultó demasiado fuerte. Por ello, la suavizaron con crema de leche y miel. Fue así como, sin saberlo, Marco d’Aviano dio origen al café capuchino.
Como conservaba el estilo de la orden con la que se había formado originalmente, la nueva bebida caliente adoptó su característica distintiva. Además, el color del café se parecía también al de su hábito. Eventualmente, cuando el fraile regresó a Italia, compartió la receta con sus compañeros de claustro. El procedimiento se diseminó en todo Italia, que se atribuye la invención del café capuchino.
Esto es importante para diferenciarlo del café latte, que se traduce del italiano como ‘café con leche’. En contraste, un ‘latte’ —como se conoce coloquialmente en Occidente— se caracteriza por tener más leche que café. Por esta razón, su sabor es mucho más suave que el del capuchino original.
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