Sus 2,31 metros de altura le ganaron el apodo del “Gigante Irlandés”. Después de morir, víctima de un tumor cerebral, el esqueleto de Charles Byrne se expuso durante un total de 200 años en el Museo Hunterian de Londres.
Pese a que el tumor de Byrne era de características benignas, estaba localizado en la glándula pituitaria, lo que le provocó una abundancia de la hormona del crecimiento y gigantismo.
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Antes de morir, en 1783, Byrne manifestó su deseo de que sus restos descansaran en el mar en un ataúd recubierto de plomo. Sin embargo, contrariando sus deseos, su esqueleto terminó exhibido para sorpresa y curiosidad de miles de personas.
De manera reciente, el Royal College of Surgeons (Real Colegio de Cirujanos), que dirige el Hunterian Museum, anunció que conservará el esqueleto como parte de proyectos de investigación, pero que lo retirara de la exhibición.
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Charles Byrne nació en 1761 en Drummullan, una aldea que hoy tiene 175 habitantes, en Irlanda del Norte. El folclor dice que fue concebido sobre un almiar de heno y que esa era la razón de su gran altura. De sus padres no se sabe nada, salvo que no eran tan altos como él.
En el folclor irlandés, los gigantes forman parte de muchas historias y leyendas; de ellos se dice que son los creadores de las cuevas, lomas y valles.
Cuando su altura se hizo demasiada notoria y sus vecinos le detectaban por dicha característica, el mismo Byrne comenzó a soñar con hacer una fortuna. Con ello en mente, en 1782 arribó a Londres haciéndose llamar “El Gigante Irlandés” dispuesto a lucrar con su apariencia física. Cuenta una anécdota que era tan alto que incluso encendía el fuego de su pipa con ayuda de las farolas del alumbrado público.
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Pronto se ganó la admiración y el reconocimiento del público, que estaba dispuesto a pagar lo que fuera con tal de admirar a ese nuevo residente de la capital inglesa. Sin embargo, también era una realidad que su condición le causaba evidentes problemas de salud.
El gigantismo repercute tanto en los huesos como en el corazón. Se trata de una afección rara y potencialmente mortal para la cual existe tratamiento, aunque el mismo no siempre es exitoso.
En junio de 1783, Charles Byrne le pidió a sus amigos que lo sepultaran en el mar en un ataúd recubierto de plomo. Tenía 22 años y sentía que su fin estaba cerca, pues además de su condición natural, padecía tuberculosis. Tenía miedo sobre lo que pudiera pasar con sus restos.
Detrás del miedo que sentía el gigante irlandés se encontraba un nombre: John Hunter, un eminente científico, hoy reconocido como el padre de la cirugía moderna. Este personaje conocía a Byrne y deseaba tener su cuerpo cuando muriera para tenerlo en su colección de anomalías humanas.
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Byrne conocía a los resurreccionistas, bandas de criminales que se ganaban la vida desenterrando cadáveres y vendiéndoselos a escuelas de medicina o a científicos. Sabedor de ello, sospechaba que su cuerpo sería del interés de ciertos grupos médicos sin escrúpulos que pagarían por poseer su cuerpo.
Lamentablemente, Charles Byrne nació en una época en donde los “diferentes” eran exhibidos como rarezas humanas y excluidos de la sociedad. Por ello es que quería sentirse a salvo en el mar, sitio a donde ningún ser humano llegaría para robar su cuerpo.
Pero su destino sería otro. En abril de 1783, debido a los problemas que también tenía con la bebida, Byrne se quedó dormido en una calle londinense con todos sus ahorros en el bolsillo. Cuando despertó, no tenía nada. El joven se hundió en la desesperación y el domingo 1 de junio de ese año murió.
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Se dice que finalmente John Hunter pagó para robar el cuerpo del gigante y tenerlo en su colección privada. El cadáver fue hervido hasta quedar el esqueleto, y cuatro años más tarde se expuso en el museo del propio Hunter. En 1799 el Real Colegio de Cirujanos lo adquirió.
Desde entonces, el esqueleto se mantuvo en exhibición en el Hunterian Museum, propiedad del Real Colegio de Cirujanos contrariando los deseos de Byrne de no ser sometido a ello. Muchos grupos de activistas también hicieron reclamos para retirar el esqueleto del museo.
Finalmente se da un paso positivo, aunque no definitivo. Como decíamos, el Real Colegio de Cirujanos anunció de manera reciente que retirará el esqueleto del gigante irlandés del Hunterian Museum. En su lugar se pondrá un cuadro de Hunter realizado por el famoso pintor inglés Joshua Reynolds. El retrato incluye al fondo uno de los huesos de la pierna de Charles Byrne.
El gigante irlandés tendrá que seguir esperando para descansar en el mar, según sus deseos.
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