Los cubiertos, el refrigerador, las ollas, la lavadora, la lámpara, la plancha… Todos estos artículos en casa —y muchos otros más-— tienen algo en común: están hechos, al menos en parte, de acero.
El proceso para la obtención del hierro es similar al que realiza la naturaleza. ¿Esto cómo sucede? En temporada de lluvias, los torrentes mojan el material, lo desprenden poco a poco y lo hacen rodar y descender por las cañadas y laderas hasta llegar al río, donde gira y gira, desgastando el mineral hasta convertirse en un polvo fino que sigue viajando, muchos kilómetros, hasta llegar al mar. Ahí las olas lo mezclan con la arena y la combinación regresa una y otra vez a las playas.
En México, las montañas que conforman la Cuenca de Hierro abarcan los estados de Jalisco, Michoacán y Colima. Es en este último, en el municipio de Minatitlán, en donde se ubica Peña Colorada, una empresa mexicana con 45 años de experiencia en la exploración, explotación y beneficio de mineral de hierro, que abastece el 30% que México necesita.
Mediante un proceso minucioso, esta empresa mexicana busca transformar la naturaleza en equilibrio con el planeta, para beneficio de la humanidad, desde su extracción hasta el producto final, que es el pelet de mineral de hierro, el cual es un aglomerado en forma de esfera, producido industrialmente con características idóneas para ser utilizado como materia prima básica para la producción del acero, que es el material más reciclado en el mundo y una base fundamental para el desarrollo y para brindar bienestar a las personas.
No solo se trata de encontrar el terreno adecuado, sino de gestionar los permisos correspondientes para trabajar en este, asegurarse que el mineral cumpla con las características necesarias y desarrollar el proyecto de sustentabilidad. Posteriormente, rescatar toda la flora y fauna que habita en el lugar, además de retirar los árboles para su reforestación final.
Ya acondicionado el terreno, se extrae el material, se tritura, se separa de forma magnética y con el uso de aguas recicladas —de las cuales se vuelve a recuperar el 65%—, para finalmente obtener una pulpa que es transportada por un ferroducto de 45 kilómetros hasta Manzanillo, a la planta peletizadora.
La pulpa de mineral se mezcla con aditivo orgánico aglomerante, se hace rodar con una inclinación de 48 grados para formar naturalmente las bolas, y se endurecen en un horno a 1 mil 300°C. Ya formado, el 50% se traslada vía ferroviaria a Puebla y Monterrey, y el restante 50%, vía marítima al puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán.
La naturaleza enseñó al hombre cómo obtener hierro, pero innovar en cada uno de los procesos aún es una constante.
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