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Para quienes tienen gatos en el hogar, parte de la rutina de todos los días es limpiar el espacio donde van al baño. Además de que el olor de la arena puede penetrar en los muebles y espacios interiores, es un acto básico de cuidado para la dignidad del animal. Sin embargo, pasa desapercibido el hecho de que, sin las reservas adecuadas, esta acción elemental de higiene podría incidir en la salud de las personas que habitan en la casa.
Al año, se registran 24 mil casos de cáncer cerebral en Estados Unidos. En contraste, un parásito presente en las heces de los gatos domésticos, conocido como Toxoplasma gondii, afecta a 30 millones de personas en el país. Una investigación reciente revela que podría haber una relación entre ambos padecimientos.
De acuerdo con el estudio, es probable que quienes tienen glioma —un tipo de cáncer en el cerebro—, hayan tenido contacto con el parásito de la arena para gatos. Para la investigación, se consideró una muestra de 750 personas. Aunque no es una regla general, se aprecia una tendencia creciente en este tipo de pacientes. Sin embargo, resulta ser que no sólo las heces de los felinos domésticos pueden transmitir esta bacteria.
Según el artículo publicado en International Journal of Cancer, “reducir la exposición a este patógeno común transmitido por los alimentos ofrecería la primera oportunidad tangible para la prevención de este tumor cerebral altamente agresivo”. Así es: la carne sin cocer adecuadamente también puede ser portadora de la enfermedad.
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La infección por T. gondii es mucho más común de lo que se podría esperar. Sólo en Estados Unidos, el 11 % de la población aproximadamente ha sido infectada con este parásito. Lo verdaderamente alarmante es que las infecciones se han dado, en su mayoría, por el consumo de carne mal cocida.
A diferencia de la creencia popular, esta enfermedad está más presente en los cerdos que en las heces de los gatos domésticos. La exposición en las cajas de arena para los seres humanos, sin embargo, es real: la enfermedad puede estar presente en el tracto digestivo de los felinos, y se deposita en sus heces una vez que sale de su organismo.
Esto no quiere decir, bajo ningún motivo, que todas las infecciones de este parásito provoquen cáncer. Aunque no siempre tiene efectos en el cerebro, la T. gondii puede ser letal para las mujeres embarazadas y para los fetos que se gestan en su interior. En los casos más severos, puede generar esquizofrenia y cambios de comportamiento.
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