¿Sigues comiendo cuando estás lleno porque la comida sabe bien? Un grupo de Investigadores del Instituto de Neurociencia Molecular y del Comportamiento de la Universidad de Michigan, realizaron una investigación que sugiere nuestras ganas de comer aunque estenos llenos se reduce al cerebro.
El estudio titulado “Equilibrio desigual de poder entre las neuronas peptidérgicas hipotalámicas en el control de la alimentación” fue publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias.
El comportamiento de alimentación se relaciona con dos grupos de células conocidas como las neuronas POMC y las neuronas AgRP, que se describen como vecinas del cerebro. Si piensas en ellas como partes de un automóvil, el POMC actúa como un freno (haciéndote saber que tu hambre fue saciada) mientras que el AgRP actúa como un acelerador (lo que te anima a comer más).
Los investigadores llevaron a cabo experimentos en ratones mediante la estimulación de las neuronas, esperando ver una disminución en el apetito.
Al hacerlo, se observó que las señales de continuar comiendo, provenientes de las células AgRP, superaron las señales de dejar de comer de las células POMC, lo que parece explicar por qué a pesar de no tener hambre, las personas continúan comiendo.
“Los animales comieron como locos: durante la media hora después de la estimulación”.
Adicionalmente, teniendo en cuenta que ambas células activan el sistema opioide natural del organismo, los investigadores le administraron naloxona a los ratones, un antagonista de los receptores opioides a nivel cerebral, a fin de determinar sus efectos sobre la conducta alimentaria.
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De esta manera, se observó que la administración del fármaco permitió reducir la ingesta de alimentos. No obstante, es necesario tener en cuenta otros factores, tales como la excesiva disponibilidad de alimentos de gran carga calórica, y la asociación entre las interacciones sociales y el comportamiento alimentario.
El líder del estudio, Huda Akil, Ph.D., explicó que la investigación ilustra que “las señales de saciedad, de haber tenido suficiente comida, no son lo suficientemente poderosas como para contrarrestar el fuerte deseo de comer, que tiene un fuerte valor evolutivo” y que parece ser un sistema neuronal involucrado que nos hace comer en exceso, resultado de desencadenantes perceptuales, emocionales y sociales.
Esto podría ayudar a los científicos a diseñar intervenciones para abordar la obesidad, tal vez mediante la activación de las células como se ve en los nuevos hallazgos, o por otros métodos relacionados con el sistema neural.
“Hay toda una industria construida que te atrae para que comas, lo necesites o no, a través de señales visuales, empaques, olores, asociaciones emocionales”, explicó Akil.
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