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Científicos de la Universidad de Washington aseguran que es posible detectar el alzheimer a través de un biomarcador producido por el aumento en una proteína años antes de que se manifieste.
El cerebro humano es el objeto más complejo que conocemos. Aunque en el último siglo hemos conocido más del sistema nervioso central que en toda la historia de la humanidad, la forma en que se deterioran las habilidades cognitivas en presencia de una enfermedad neurodegenerativa es una prioridad de la investigación biomédica.
De todas las formas de demencia, la más común es el alzheimer. Esta enfermedad, conocida popularmente por la pérdida de memoria progresiva que produce, es la sexta causa principal de muerte en los Estados Unidos y a pesar de que existen tratamientos que pueden ralentizar su progreso, aún no hay cura para detener su avance.
Esta semana, Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis presentaron avances en el desarrollo de una técnica enfocada en detectar señales tempranas del cambio en una proteína que podría advertir el desarrollo posterior de alzheimer.
Aunque los neurólogos aún no son capaces de comprender la forma exacta en que el alzheimer se desarrolla en el cerebro, los estudios demuestran que esta enfermedad produce una contracción en las cortezas cerebrales, además de que amplía los ventrículos, las cavidades que guardan el líquido encefalorraquídeo.
Hoy sabemos que el alzheimer progresa a partir de dos estructuras que dañan a las neuronas: las placas, formadas por depósitos de una proteína conocida como beta-amiloide y los ovillos, caracterizados como ‘fibras retorcidas’ de una proteína llamada tau, que se acumula dentro de las células.
Según la Asociación Americana para el Avance de la ciencia, (AAAS por sus siglas en inglés), la investigación confirmó las sospechas de los científicos de que los niveles de la proteína tau se mantienen elevados durante las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer y por lo tanto, detectar este aumento podría funcionar como un ‘biomarcador’ efectivo para “conducir análisis de sangre simple capaz de diagnosticar el desorden neurodegenerativo años antes de que los síntomas comiencen a aparecer”.
Estadísticamente, el Alzheimer se presenta en los adultos mayores de 60 años y una vez que la enfermedad neurodegenerativa comienza a desarrollarse, los fármacos resultan poco efectivos para impedir el deterioro de las funciones cognitivas.
Según la alzheimer association de los Estados Unidos, “las personas con Alzheimer viven un promedio de ocho años después de que los síntomas se vuelven evidentes, pero la supervivencia puede oscilar entre cuatro y 20 años, dependiendo de la edad y otras afecciones de salud”.
Este avance podría contribuir a que en el futuro cercano, existan pruebas accesibles, baratas y confiables para detectar el alzheimer y tratar la enfermedad previo a sus primeras manifestaciones.
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