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Un estudio reciente de la Universidad de Londres reveló que alrededor del 40 % de los seres humanos tenemos un primer recuerdo ficticio. Científicos del Centro de Memoria y Derecho de la Ciudad pidieron a aproximadamente 6 mil 500 personas que describieran sus primeros recuerdos, junto con su edad en ese momento.
En el estudio, los especialistas descubrieron que un 14 % de las personas recordaba algún evento antes de su primer cumpleaños. Otros tantos aseguraron tener memorias de su nacimiento. Sin embargo, les resultó poco probable que todos los relatos fueran certeros, ya que se registraron antes de los dos años.
Se piensa que los recuerdos autobiográficos sólo son posibles después de los tres años. Antes de esta edad, el cerebro de los niños es físicamente incapaz de almacenar eventos en la memoria, porque las partes encargadas de estas tareas no han alcanzado una maduración suficiente para lograrlo.
Más aún, algunos psicólogos y neurocirujanos creen que podemos recordar eventos autobiográficos después de los cinco o seis años de edad. Cualquier registro anterior que se tenga, se denomina como un fragmento.
Esto quiere decir que, especialmente en adultos mayores, las imágenes del pasado son generalmente pedazos de experiencias tempranas, que la mente reconstruye para darles un sentido. Estas representaciones mentales se convierten en «recuerdos», con contenido fuertemente vinculado a un tiempo particular.
De acuerdo con Martin Conway, director del Centro para la Memoria, es común que las personas no sean conscientes de que estos recuerdos pueden ser falsos. Como co-autor del estudio, publicado en Psychological Science, destaca lo siguiente:
“Las personas que tienen estos recuerdos no saben que son ficticios. De hecho, cuando se les dice que son falsos, a menudo no lo creen. Esto es en parte debido al hecho de que los sistemas que nos permiten recordar cosas son muy complejos, y no es hasta que tenemos 5 o 6 años que formamos recuerdos parecidos a los adultos, debido a la forma en que se desarrolla el cerebro y debido a nuestra creciente comprensión del mundo”.
A pesar de esto, una gran cantidad de los encuestados estaban convencidos de que podían recordar eventos muy específicos, como el color de su primer cochecito, el tacto de los pañales limpios, o la sonrisa de algún ser querido al verlos.
Es posible, según Conway, que estos recuerdos tempranos estén basados en fotografías, o en recuentos que hayamos escuchado de otras personas. Pareciera ser, entonces, que estos recuerdos sean representaciones que se guardan en el cerebro, y que están disponibles o se despiertan a partir de ciertos estímulos sensoriales, como olores, sensaciones o sonidos que nos remiten a ellos.
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