Fotografía: SAKKMESTERKE/SCIENCE PHOTO LIBRA / AAT / Science Photo Library via AFP
Después de un año de trabajo, finalmente te aprobaron unos cuantos días de descanso. Sin juntas, sin regaños, sin notificaciones de la jefa insoportable, la vida parece mucho más ligera. Por fin vas a poder disfrutar ese ahorro que lograste juntar después de varios meses de despertarte, todos los días, en el silencio de la madrugada. De pronto, los días de vacaciones se fueron —y necesitas regresar a trabajar.
Sentir cansancio de inmediato —aunque ni siquiera lleves dos horas en la oficina, o en juntas de trabajo— es una reacción natural del cuerpo, según explica Jeroen Nawijn, psicólogo de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Breda. Sumado a la frustración de los números bajos de enero, a las deudas de fin de año y a la angustia de no hacer enojar a los superiores, el simple hecho de volver a la oficina se convierte en una pesadez absoluta.
A nivel químico, ésta es la razón.
Según un estudio que Nawijn condujo para la Universidad de Ciencias Aplicadas de Breda, el cuerpo resiente a nivel físico nuestro hartazgo al regresar a trabajar. Coloquialmente se le conoce como ‘el bajón de enero’, o ‘la temporada azul’ de inicios de ciclo. No es ninguna casualidad que coincida con las primeras semanas del año, cuando las personas se reincorporan a su rutina laboral.
“Lo más probable es que se sientan mejor durante las vacaciones porque tienen más libertad para hacer lo que quieran”, explica el psicólogo para Popular Science.
A pesar de que, a priori, sabemos que el descanso no podrá durar para siempre, el hecho es que el cuerpo y el cerebro se acostumbran a un estado de libertad que generalmente no tienen. Químicamente, los seres humanos reaccionamos a estos estímulos con endorfinas, que nos hacen sentir que tenemos una mejor calidad de vida. Cuando regresamos a trabajar, este chispazo de alegría se apaga.
Aunado a esta baja de la hormona de la felicidad, las personas regresan todavía más angustiadas a la oficina (aunque sea virtual) por los posibles errores y faltas que se cometieron en su ausencia. Conforme más responsabilidad tenga la persona, peor el sentimiento.
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Aunque el miedo de regresar a atender una montaña de responsabilidades es real, muchas veces es producto de lo que en psicología se conoce como ‘pensamientos catastróficos’. De acuerdo con la organización sin fines de lucro Prevención Integral, se trata de “un sesgo cognitivo que nos lleva a imaginar los peores escenarios posibles“, que nos llevan a caer en creencias irracionales.
Esto afecta nuestras actitudes, relaciones, comportamientos y toma de decisiones, no sólo en la oficina. Generalmente, esto ocurre cuando no nos sentimos en control, o tenemos que regresar a un escenario en el que experimentemos estrés elevado. Sin embargo, siempre hay que tener en cuenta que este tipo de pensamientos son irracionales y están desapegados de la realidad.
Tomando esto en consideración, es más fácil digerir el hecho de regresar a trabajar. Aunque, efectivamente, habrá una montaña de tareas por atender en el día, la realidad es que el descanso es necesario, válido y está bien merecido. Todo lo que suceda después tendrá que resolverse en ese momento. Angustiarse antes, desde este punto de vista, no tiene mucho caso.
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