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El sentimiento de conexión con el feto durante el embarazo no es casual. De hecho, debido a un fenómeno conocido como microquimerismo, algunas de las células originarias del embrión se mantienen presentes en el organismo de las mujeres embarazadas. Un estudio revela que las células del bebé traspasan la placenta, entran al organismo materno y pueden convertirse en parte de sus propios tejidos.
En 2015, se publicó una investigación a propósito del efecto que produce un feto al interior del viente materno sobre la mujer gestante. A pesar de que, por décadas, se ha sabido que las madres cargan el código genético de su descendencia, la ciencia pasó por alto la posibilidad de que el embarazo pudiera significar una conexión en sentido inverso.
Este fenómeno se presenta en diversos tipos de mamíferos. Las afecciones que sufren las mujeres al embarazarse sobrepasan los mareos esporádicos y el inevitable aumento de peso inherente a gestar un bebé. Parece ser que la comunicación con el feto también se da del bebé hacia su madre, a nivel celular.
Según Amy Boddy, genetista de la Universidad Estatal de Arizona, el microquimerismo incide directamente en la salud de la madre portadora:
“Lo que esperamos hacer es no solo proporcionar un marco evolutivo para comprender cómo y por qué surgió el microquimerismo, sino también evaluar cómo afecta la salud”, señaló hace seis años la autora.
Parece ser que, tras millones de años de evolución, el feto se ha adaptado para manipular la fisionomía de la madre, de manera que pueda aumentar la transmisión de recursos. Entre ellos, destacan el calor y los nutrientes. A su vez, las mujeres imponen barreras naturales para no descompensarse.
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Los efectos del microquimerismo traspasan la placenta a nivel celular. Una vez que las células del feto ingresan al organismo de la madre, se pueden convertir en cualquier tipo de tejido. Esto es así porque todavía son pluripotentes, lo que les permite devenir en órganos vitales, músculos y otro tipo de fibras en el cuerpo humano.
Si se adhieren al corazón, por ejemplo, se convierten en tejidos cardiacos. Lo mismo en el caso del cerebro, de los pulmones y las mamas, por mencionar algunos de los tejidos posibles. Este fenómeno se hace todavía más complejo cuando se presentan embarazos múltiples, ya que no sólo se alberga un feto, sino varios.
De cualquier manera, comprender la interacción de las células fetales en las mujeres es complicado. Además de ser difíciles de aislar para observar en un laboratorio, aún se sabe muy poco de la influencia real que podrían tener en la fisiología materna. A más de seis años de publicada la investigación, éste sigue siendo un campo fértil de estudio a nivel genético, biológico y evolutivo.
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