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Como parte del ciclo natural de la comida, la defecación acompaña a los seres vivos: es el punto final del paso de los nutrimentos por el organismo. Parece ser que el sistema digestivo de los seres humanos no ha sufrido modificaciones estructurales, según revelan los restos de montones de materia fecal encontrados en Utah y México. Sin embargo, la microbiota y las defensas naturales sí se han transformado —quizás no hacia el mejor camino.
La microbiota es la diversidad de miles de millones de bacterias y las levaduras que son parte integral del cuerpo humano y forman colonias en el intestino y otros sitios. Las investigaciones más recientes demuestran que mantener esta diversidad en equilibrio puede ser un factor decisivo para un sinfín de cuestiones relacionadas con la salud humana, entre ellas la respuesta inmune y la forma en que el organismo combate a las infecciones.
Un estudio reciente publicado en Science revela que la microbiota ha acompañado a los seres humanos durante siglos. El hallazgo de pilas de popó milenaria revelan, sin embargo, un factor que los científicos no habían considerado: la microbiota cambió con el paso del tiempo.
Podría ser que las medidas de sanidad, los medicamentos y el actual procesamiento de alimentos estén íntimamente relacionados con este drástico cambio de la flora intestinal. Los coprolitos —o heces conservadas por años— dan información no explorada antes, a propósito del cambio biológico humano a raíz de estos nuevos condicionamientos y patrones de consumo.
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De acuerdo con Justin Sonnenburg, biólogo de la Universidad de Stanford, los restos fecales que se han conservado revelan información relevante en términos de cómo se ha modificado el metabolismo humano en el último milenio. De hecho, destaca el hecho de que los intestinos han sufrido un “evento de extinción“.
Con esto se refiere a que docenas de especies se han perdido. De manera implícita, la diversidad de protección con la que los intestinos cuentan en la actualidad es significativamente menor de como era hace mil años. Según Aleksandar Kostic, autor principal del estudio y microbiólogo de la Escuela de Medicina de Harvard, “éstas son cosas que no recuperamos“.
Esta investigación pone en cuestión si realmente la amplia oferta de medicamentos y alimentos ultraprocesados está siendo benéfica para los seres humanos a nivel evolutivo. De entrada, la reducción tan importante en microbiota no es una buena señal en este terreno. Por el contrario, parece ser que nos estamos haciendo más dependientes a las farmacéuticas que nunca.
Entre las comparaciones más relevantes que se lograron en el estudio, los científicos se dieron cuenta de que hoy en día contamos con una resistencia particular hacia los antibióticos. Por la falta de tecnología y avance científico, los seres humanos de hace mil años no contaban con ella. Por el contrario, desarrollaban defensas naturales a ciertas enfermedades —cuando no morían en el intento.
Hoy, el consumo excesivo e irresponsable de fármacos y alimentos ultra procesados, así como las medidas de sanidad minuciosas, nos privan de esa posibilidad de defensa natural. En otras palabras, hemos perdido ayudantes microscópicos contra ciertos malestares a los que el cuerpo se podía recuperar sin intervención médica.
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