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“Los profesionales de la salud mental estamos enfrentando una situación como nunca la habíamos visto“, explica Aurora Del Villar, psicóloga clínica de la rama Gestalt, en una entrevista exclusiva para Muy Interesante México. Al interior de los hogares, además de las precauciones sanitarias por COVID-19, se está librando una batalla contra la depresión. En pareja, en familia, entre amigos: el panorama para la salud mental de las personas ha tomado una relevancia distinta a partir de los encierros obligatorios.
Aunque en febrero se aborda siempre la cara más brillante y cálida de las relaciones en pareja, la pandemia nos ha obligado a voltear hacia el terreno de la salud mental. Al estar con una persona que padece depresión, éstas son algunas precauciones que se deben de tomar en cuenta para evitar que la enfermedad se prolongue —o que la relación se vea afectada por ella.
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Aurora Del Villar es psicóloga clínica. En sus años de práctica, se ha enfocado en el modelo ‘pathwork’, o ‘camino de trabajo’, para dar terapia a adultos. Para ella, es fundamental entender que la depresión es un padecimiento como cualquier otro, y que debe de tratarse debidamente a nivel clínico:
“Hay algunos criterios que se tienen que cumplir durante al menos dos semanas —o más tiempo— para que se pueda pensar en una depresión en cualquiera de sus tipos”, detalla la experta.
Por ello, para Del Villar es importante no confundir “un estado temporal de tristeza con una alteración en la química cerebral“, que es la depresión. Aunque reconoce que todavía existen muchos prejuicios, para ella, en la actualidad vivimos en una sociedad que se “psicologizó mucho”, por lo que el acceso a la información es más amplio y diverso.
“El problema es que muchas veces lleva al autodiagnóstico“, explica la psicóloga. Sin embargo, algunas señales de alarma para pensar que nuestra pareja padece depresión son las siguientes:
A pesar de que estos síntomas se presenten en la pareja, la persona que acompaña a quien padece depresión también se ve afectada. Por ello, los acompañantes deben de tener cuidado al momento de “cuidar de más”, explica Del Villar. Especialmente, para no caer en pautas de codependencia.
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Según la experiencia clínica de Del Villar, vivir con una pareja que padece depresión es muy difícil. “Afecta la vida de todo el sistema familiar“, detalla. Aún así, las parejas tienden a dejar de lado la situación, pensando que eventualmente pasará:
“Si un señor ve que su esposa empieza a infartarse, pues corre y le llama a una ambulancia”, dice la psicóloga. “Pero si alguien ve que su pareja empieza a deprimirse, es probable que piense ‘bueno, luego se le pasa'”.
El problema, sin embargo, no se pasa. Por el contrario, entre más avanza el tiempo, es más probable que los síntomas se hagan más presentes. En su experiencia, bastan 3 meses para que la dinámica familiar se amolde a la depresión de uno de sus integrantes. En ocasiones, la enfermedad se puede prolongar por años.
A pesar de ello, Del Villar es optimista. “En general, la depresión tiene muy buen pronóstico“, explica la experta. Incluso en el contexto de la crisis sanitaria, si el paciente se atiende oportunamente, es probable que logre librar la enfermedad sin necesidad de intervención médica. Es decir, con un acompañamiento psicológico adecuado.
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Como en cualquier enfermedad, la depresión conlleva un proceso de avance y retroceso. Por ello, Del Villar considera que la “pareja es un factor muy, muy importante para acompañar el proceso”. Entre otras cosas, vale la pena promover que la otra persona realice actividades que le puedan hacer sentir mejor.
“Sin embargo, hay que entender que vivir con alguien que tiene depresión es un camino de altas y bajas“, enfatiza la psicóloga. “Pero sí hay una puerta de salida”.
Incluso aunque la pareja sea psiquiatra o psicóloga, no es ella quien diagnostica la enfermedad. Siempre tiene que ser un profesional de la salud mental externo a la situación. Del Villar reconoce que, incluso a pesar de la información disponible, todavía “hay mucha resistencia” a entrar en un esquema de medicación para enfrentar el problema.
Si el paciente está bien asesorado, explica la experta, difícilmente éste “será un tratamiento de por vida“. Cuando la serotonina se restablezca, la persona podrá seguir adelante sin necesidad de medicamentos. Para quienes viven con una pareja con depresión, Del Villar enfatiza que esta enfermedad “precisa paciencia”.
Aunque la pareja no puede “echarse toda la responsabilidad al hombro“, las personas que rodean al paciente sí pueden aportar. En especial, explica, desde la retroalimentación positiva: comentarios sinceros sobre su mejora son un buen primer paso, por ejemplo.
Aún así, Del Villar reconoce que todavía no conocemos el verdadero impacto de la crisis sanitaria en la salud mental de las personas. “Desde la psicología, tenemos muchos en adelante muchos años para saber las consecuencias que ha traído esto [la pandemia] a todo nivel”, concluye la experta.
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