Existen diversos mitos en torno a la inteligencia: jugar ajedrez desde niños, escuchar música durante el embarazo, leer libros muy extensos, asistir a exposiciones artísticas; sin embargo, no existe evidencia empírica de que estas actividades realmente nos hagan más inteligentes por sí mismas.
Estos estudios recientes desenmascaran concepciones erróneas que generalmente se tienen en torno a ciertas actividades “intelectuales”, a las que se le atribuía el incremento en coeficiente intelectual de las personas. Aquí te explicamos por qué no es así.
Es necesario comprender que la inteligencia es multifactorial, de acuerdo con Rubén Ardila, investigador de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Junto con un equipo de especialistas en neurociencias, condujo un estudio para la misma institución en el que destaca lo siguiente:
Las características que asociamos con el concepto de inteligencia, como capacidad de solucionar problemas, de razonar, de adaptarse al ambiente, han sido altamente valoradas a lo largo de la historia. Desde los griegos hasta hoy se ha pensado que este conjunto de características que distingue positivamente a las personas les brindan un lugar especial en la sociedad.
En la misma investigación, Ardila se cuestiona el papel que funge la genética en el desarrollo de estas capacidades que hacen que los individuos destaquen del grupo en actividades determinadas.
Es una realidad que ejercitar ciertas habilidades hace que las personas puedan dominarlas con el tiempo. Sin embargo, es poco probable que jugar ajedrez sea una actividad que, por sí misma, haga más inteligentes a las personas.
En la cultura popular, generalmente se asocian actividades “elevadas” o “eruditas” al desarrollo cognitivo de las personas. Un ejemplo básico es la creencia de que escuchar música clásica durante el embarazo promueve que los niños sean más inteligentes al nacer. Sin embargo, esto no quiere decir que sea completamente cierto.
Otro de los aspectos que Ardila destaca en su investigación es el factor ambiental en el que una persona se desarrolle. Éste puede promover que ciertas habilidades se le faciliten más, y que algunas queden rezagadas porque la persona no las necesita o no las usa.
Finalmente, Ardila plantea la posibilidad de que no existe un solo tipo de inteligencia, sino que hay varias. Howard Gardner, psicólogo estadounidense de la Universidad de Harvard, ya hablaba sobre esta teoría en la década de los 80. En su obra más importante, Estructuras de la mente: la teoría de las inteligencias múltiples, el autor destacaba 8 tipos diferentes de inteligencia que el ser humano puede desarrollar:
El hecho de leer libros muy largos no necesariamente eleva el coeficiente intelectual de las personas. Puede ser, incluso, que alguien termine un tomo completo y no haya entendido nada del mismo. Actualmente existe un amplio debate en torno a lo que la inteligencia representa. Es difícilmente medible, y se conoce muy poco de sus orígenes.
Sin embargo, es un hecho ampliamente aceptado en la comunidad científica internacional que ésta puede desarrollarse. Aunque el ser humano nace con cierta afinidad hacia ciertos temas, o se le faciliten actividades determinadas, es posible incursionar en otras con un poco de trabajo y paciencia.
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