Fotografía: Kinga Cichewicz / Unsplash
A veces, sí da miedo cerrar los ojos. El terror a quedarse dormido por revisitar ciertas imágenes puede paralizar a la gente. En la vigilia, la ansiedad se convierte lentamente en insomnio. Luego aparecen las mismas escenas: correr sin ropa, sentir una caída interminable, ver cómo se desprenden —uno por uno— todos los dientes de la boca. Todos estos son sueños recurrentes compartidos por las personas que, a diferencia de lo que se promueve en ciertas corrientes de estudio, sí tienen explicaciones científicas similares.
Al menos dos tercios de la población mundial, asegura la neurocientífica Claudia Picard Deland en su artículo para The Conversation, ha soñado que corre sin ropa mientras alguien más le mira, que pierde la dentadura o que es víctima de una caída interminable. La explicación detrás de estas escenas de humillación y angustia está en cómo lidiamos con el estrés y la ansiedad.
Los sueños recurrentes ocurren en periodos prolongados de estrés en la vida de las personas, según el estudio realizado por la Universidad de Montreal, en Canadá. En ocasiones, tienen que pasar años para que las personas logren romper el ciclo de imágenes con la misma narrativa traumática, que siempre está ligada a su historia de vida.
El fenómeno puede suceder noche tras noche, o con intervalos de algunos días. Aunque las imágenes puedan ser compartidas por un colectivo, el origen de éstas es único para cada individuo. Muchas de las situaciones que aparecen en el plano onírico se originaron en la niñez, y tienen raíces profundas en conflictos que la persona no ha logrado resolver todavía.
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Picard-Deland explica que la gran “mayoría de los sueños recurrentes tienen un contenido negativo que involucra emociones como el miedo, la tristeza, la ira y la culpa”. Esto explica, por ejemplo, que el soñador se sienta en peligro mientras duerme, o que se sienta invadido por una humillación insuperable.
Aunque parezca contraintuitivo, éste es un mecanismo de defensa del cerebro. Es una manera de regular las emociones humanas, y adaptarse a eventos traumáticos en la vida. La autora lo explica de esta manera:
“La incorporación de material emocional en los sueños puede permitir que el soñador procese un evento doloroso o difícil. En el caso de los sueños recurrentes, el contenido repetitivo podría representar un intento fallido de integrar estas experiencias difíciles”.
Muchas veces, enfrentar estos traumas puede ser demasiado duro para la persona en la vigilia, por lo que la psique decide manifestarlos mientras no está consciente. Por esta razón, algunos sueños recurrentes comienzan en la infancia, y se extienden hasta la vida adulta. Hay espacios de tiempo en los que desaparecen, y cuando el motivo de estrés regresa, vuelven a figurar mientras la persona duerme.
El problema no empieza —ni termina— al despertar en la mañana. Por el contrario, como los sueños recurrentes están relacionados con dificultades o conflictos no resueltos en la vida, muchas veces impactan en el bienestar general de las personas. En consecuencia, síntomas de ansiedad y depresión se pueden manifestar en la vigilia, y el terror a quedarse dormido se vuelve casi tangible.
A diferencia de lo que se podría creer, el cerebro no se desconecta del mundo cuando dormimos. Por el contrario, hay regiones que siguen respondiendo a los estímulos del organismo y del entorno. Es común, por ejemplo, que la gente sueñe que se le caen los dientes cuando duerme con la mandíbula apretada. Ése es el cerebro manifestando que hay una presión interna, decantada de alguna situación estresante.
Las imágenes que aparecen, generalmente, son metáforas de preocupaciones emocionales que las personas tienen. Soñar con desastres naturales, por ejemplo, es frecuente cuando se ha padecido algún tipo de abuso. Este pánico o impotencia ya se han sentido en la vigilia, y aparecen en los sueños para poder encontrar una vía de salida.
Sucede, incluso, que los sueños no se repitan completos, sino que fragmentados o en escenas específicas. Cuando las imágenes dejan de ser tan amenazantes, puede decirse que el estado mental de las personas está mejorando. En cualquier caso, la alternativa segura es consultar con un especialista de dónde vienen estas angustias sin resolver. La terapia psicológica puede ser una buena aliada para romper, finalmente, el ciclo.
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