El asma es una enfermedad respiratoria crónica que no tiene cura, pero sí puede controlarse. Las personas que la padecen pueden disfrutar de una buena calidad de vida.
La tos o silbidos en el pecho (sibilancias; un sonido silbante durante la respiración) y ataques recurrentes por falta de aire son síntomas característicos del asma. Estos indicios pueden aparecer de manera repentina varias veces al día, a la semana y desaparecer de manera espontánea, como resultado de tratamiento médico.
En algunas ocasiones, el asma empeora con la actividad física. Sin embargo, si el paciente está bien controlado puede realizar cualquier actividad de manera normal.
Estudios del Instituto Nacional de Salud Pública y del Respiratory Research encontraron que consumir algunos alimentos y evitar otros puede ayudar a controlar esta enfermedad. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que en la actualidad existen 235 millones de pacientes con asma. Además de ser la enfermedad más frecuente durante la edad pediátrica.
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Contiene una gran porción de bioflavonoides que son un antihistamínico natural y desinflamante de las vías respiratorias.
Esta fruta contiene piridoxina, la cual conocemos comúnmente como vitamina B6 y ayuda a relajar el tejido del músculo liso bronquial.
Tiene un efecto expectorante –fármaco que tiene propiedades de provocar o promover la expulsión de las secreciones bronquiales acumuladas–, lo que ayuda a las personas con asma, de acuerdo con el Estudio Internacional de Asma y Alergias en la Infancia. El consumo de cereales integrales como la avena puede reducir hasta un 50% el riesgo de asma en los niños.
Por su alto contenido de quercetina –antioxidante que protege los conductos respiratorios de toxinas– se recomienda para los pacientes.
Estudios han demostrado que el jengibre puede disminuir las respuestas alérgicas por la disminución de los niveles de IgE (Inmunoglobulina E) y propiedades de relajación bronquial y anti-inflamatorias.
Las grasas saturadas se encuentran en la comida procesada, lo que incrementa los síntomas de asma. Esto se debe a la respuesta del sistema inmunitario cuando recibe estas sustancias.
Al tener grasas en cantidad empeoran los síntomas. Basta con que comas lácteos de forma inteligente: elige productos desnatados y trata de sustituirlos de vez en cuando.
Según una investigación de la revista Nutrition, aquellos que consumen mucha carne roja son más propensos a desarrollar asma. Come una vez por semana como máximo y opta por alternativas más sanas, como el pollo, el pavo o el pescado.
El exceso de sodio puede tener incidencias negativas en los pacientes con esta enfermedad. Usa muy poca sal en tus platillos, evita alimentos procesados, como las sopas enlatadas, el puré instantáneo y las patatas fritas o snacks.
Además de cuidar la alimentación y para evitar complicaciones es importante seguir las indicaciones del médico y evitar exponerse a factores que pueden desencadenar ataques asmáticos, tales como: el humo de tabaco, los ácaros del polvo, la contaminación del aire, moho, pelo de mascotas, hiperventilación, entre otros.
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