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¿Qué se necesita para desarrollar una vacuna segura y efectiva contra el Covid-19?
Además de miles de horas de investigación, tecnología de punta y un equipo de expertos, existe un insumo tan polémico como ignorado, vital para el avance de cualquier desarrollo de vacuna: los animales de laboratorio.
Aunque la mayor parte de la investigación con animales se lleva a cabo con roedores, el siguiente paso para probar la efectividad e inocuidad de un compuesto en el laboratorio es suministrarlo a uno de los animales más parecidos al ser humano: los primates.
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Los macacos (Macaca mulatta) son el primate más utilizado en las pruebas de laboratorio alrededor del mundo.
Estos animales comparten el 93 % de su ADN con nuestra especie y por lo tanto, antes de cualquier ensayo clínico con humanos, todos los prototipos de vacunas contra Covid-19 son probados en primates no humanos (PNH), nombre con el que se les conoce a los ejemplares para investigación médica.
Y aunque es habitual que las vacunas se prueben en primates, la carrera por desarrollar inmunizaciones contra Covid-19 en tiempo récord ha provocado un desabasto de macacos que está frenando distintas investigaciones prometedoras.
En un hecho inédito, los laboratorios de Estados Unidos se están quedando sin macacos para ensayos clínicos, una medida celebrada por asociaciones animalistas, pero que pone en riesgo el desarrollo de vacunas y detiene el avance en su investigación.
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En febrero 2020, justo después de que la OMS declarara los brotes de Covid-19 como una pandemia, China (principal exportador de macacos al mundo) cerró el mercado para los Estados Unidos, que desde entonces se han valido de unos 31 mil 500 primates no humanos dispuestos en siete centros especializados en todo el país.
Sin embargo, esta cifra está alcanzando mínimos históricos después de que las vacunas de grandes farmacéuticas como Moderna o Pfizer solicitaran cada vez más primates para seguir con sus investigaciones.
Los macacos no solo se utilizan para elaborar vacunas y antivirales asociados al coronavirus, también son cruciales en investigaciones relacionadas al VIH, la mayoría detenidas actualmente debido al contexto actual.
Además, ante la escasez de primates, el costo de macacos se ha disparado a más del doble (unos 10 mil dólares cada ejemplar), un nuevo e impensado obstáculo para conseguir una vacuna que aumenta drásticamente el presupuesto destinado a investigación y compromete el futuro de las pruebas.
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