La combustión espontánea no es un fenómeno tan “espontáneo” como se podría creer. Hay factores externos que tienen que ver con el proceso.
Un cuerpo estalla repentinamente en llamas sin haber sido prendido por una fuente externa. Es lo que se conoce como combustión espontánea. A pesar de que es un fenómeno real, documentado por forenses y científicos, ¿por qué no ocurre tan a menudo? Y sobre todo la pregunta esencial sería: ¿qué causa hay detrás de los casos de combustión espontánea?
“La realidad es que la gente se quema, pero no espontáneamente”, afirma Roger Byard, patólogo de la Universidad de Adelaida, quien ha estado cerca de diversos casos de combustión espontánea.
Según Byard, en los últimos 300 años se han registrado unos 200 casos de este tipo. Un experto danés en anatomía describió el primer caso conocido de combustión humana espontánea en el siglo XVII.
Ocurrió en Italia a finales del siglo XIV, cuando un caballero llamado Polonus Vorstius bebió vino una noche antes de estallar en llamas.
La idea de un ser humano que de repente se envuelve en llamas se asociaba a menudo con el consumo excesivo de alcohol. El autor inglés Charles Dickens alimentó el mito en su novela de 1853 Bleak House. En ella, describe a un personaje llamado Krook, que era alcohólico, quien se incendia espontáneamente y muere abrasado.
E n realidad, no es una combustión espontánea
Byard rechaza la teoría del alcohol u otras como los gases intestinales. Afirma que aunque la combustión humana es plausible y se ajusta a varios relatos, la idea de que se produce espontáneamente es errónea.
Prácticamente en todos los casos ha intervenido una fuente externa de llamas, añadió Byard. Los culpables más comunes son cigarrillos, lámparas o velas encendidas.
La explicación científica para la combustión humana espontánea se conoce como efecto mecha, el cual propone que los seres humanos pueden actuar como lo hacen las velas.
El efecto mecha sugiere que la grasa corporal actúa como fuente de combustible, y un cuerpo humano se mantiene en llamas gracias a su propia grasa después encenderse. Las mantas y la ropa, por su parte, actúan como la mecha de una vela.
En un programa de televisión de la BBC, en 1998 unos científicos del Reino Unido hicieron el experimento con un cerdo muerto para demostrar las fuentes externas en la combustión espontánea.
Envolvieron al animal en una manta antes de prenderle fuego. Lo único que quedó intacto fueron las patas, exactamente como ocurre en muchos casos registrados de combustión humana espontánea.
“Puedes imaginarte a gente envuelta en mantas, bebiendo licores y derramando los licores, que básicamente actúan como un acelerante con gasolina”, explica Byard. “Lo que ocurre es que dejan caer un cigarrillo en este enorme charco de alcohol, que se enciende y arde muy lentamente. Sabemos que la grasa puede arder a temperaturas muy bajas”.
Hay que señalar que las manos y los pies tienen menos grasa, por ello no proporcionan suficiente combustible para que las llamas los consuman por completo.
Byar afirma que la combustión espontánea es una especie de mito urbano, pues, como podemos ver, no es precisamente espontánea sino que hay una causa física detrás de ella.
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