A casi un año y medio del surgimiento del SARS-CoV-2, los detalles de la inmunidad natural adquirida tras enfermarse y recuperarse de COVID-19 siguen siendo una incógnita.
Si bien distintos estudios recientes apuntan a que tras una caída en el nivel de anticuerpos, el sistema inmune desarrolla una memoria que permite combatir la infección a largo plazo –tal vez por años–, aún se desconoce el factor clave que define si una persona volverá a enfermar o bien, evitará una reinfección por COVID-19.
De ahí que un ambicioso estudio desarrollado por la Universidad de Oxford pretenda seguir paso a paso el comportamiento de una persona que se recuperó del virus y se expone a él por segunda vez en tiempo real:
Se trata del desafío humano, una clase de estudios clínicos poco comunes, que consisten en infectar intencionalmente a un voluntario, con el objetivo de estudiar a fondo el avance de la infección.
A pesar de que los estudios de desafío humano son objeto de discusiones éticas a propósito de sus alcances, comúnmente arrojan información valiosa sobre la mejor forma de combatir una enfermedad y evitar su gravedad, así como pistas para desarrollar tratamientos más efectivos y mejorar las vacunas existentes hasta el momento.
En el caso de COVID-19, distintos laboratorios sugirieron realizar estudios de esta naturaleza para acelerar el desarrollo de las vacunas desde el inicio de la pandemia; sin embargo, no fue hasta febrero de 2021 que el Reino Unido recibió aprobación para conducir el primero en su tipo contra el nuevo coronavirus.
La intención del estudio de desafío humano, que comenzará su primera fase en abril de 2021, es analizar a detalle la respuesta inmune del organismo una vez que se expone deliberadamente al virus por segunda vez.
Los participantes del estudio serán expuestos al virus SARS-CoV-2 original, que apareció en Wuhan a finales de 2019. Entonces iniciarán una cuarentena durante al menos 17 días en un hospital diseñado especialmente para el estudio, donde estarán a disposición del equipo de investigación, que mantendrá un monitoreo continuo de cada voluntario, con pruebas como tomografías y resonancias magnéticas.
Cada uno será dado de alta cuando no exista rastro de la infección en su sangre y no existe ningún riesgo de contagiar a otras personas. Una vez fuera del hospital, el estudio se prolongará durante doce meses, con al menos ocho visitas de seguimiento para conocer el comportamiento de los indicadores de inmunidad a lo largo de un año.
La dosis infecciosa es otra de las asignaturas pendientes sobre el virus que se intentarán resolver en el estudio de desafío humano: se trata de la cantidad mínima del virus que se necesita para provocar una infección, un cálculo que de realizarse con éxito, permitirá establecer criterios más precisos sobre factores clave como la efectividad de cubrebocas, la circulación del virus en espacios cerrados y la ventilación necesaria para evitar contagios.
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