Fotografía: Francesco Bruno / Unsplash
Históricamente, a Roma se le conoce como la ciudad de mármol. Herencia del amor que le tuvieron los romanos por siglos a la cultura griega, la capital italiana rebosa en obras de arte escultórico, pictórico y visual de distintas épocas. Mantener esta infraestructura cultural es un reto para la administración capitalina, que invierte millones de euros anualmente en restaurar las obras expuestas en la vía pública.
Ante la lluvia ácida, la contaminación y el maltrato casi inherente al turismo internacional, Roma ha tenido que buscar alternativas para mantener su herencia cultural milenaria. El conservador Alessandro Lugari pudo haber encontrado la respuesta en las bacterias. Así funciona su nuevo método de restauración.
Para evitar que el mármol de las esculturas en la vía pública se convierta en polvo, Alessandro Lugari y su equipo están aplicando a las obras de arte “una de las formas de vida más antiguas”: las bacterias, según reporta CNN. Para probar la eficacia y seguridad de este método, intervinieron un bloque de varias toneladas del mismo material.
La superficie del mármol se cubrió con una capa de enzimas, que atraen bacterias para que vivan al interior de la piedra. La aplicación resultó en que el bloque se calcificó, y así, se hizo más sólido y resistente:
“Este mármol se estaba casi desintegrando; se estaba convirtiendo en polvo”, explica Lugari. “[La bacteria] no atraviesa el mármol, sino las grietas, y se solidifica. Se recubre de carbonato de calcio, que es la misma sustancia que el mármol y, por tanto, une, a nivel microscópico, las distintas partes del mármol, creando más mármol”.
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La misma lógica es extensible a las esculturas expuestas al entorno, como las que están en la Fontana di Trevi. Aunque el gobierno romano prohibió a los turistas sentarse ahí, la gente sigue haciéndolo, y las obras se han venido a menos con el desgaste y el tiempo. Así como sucedió con el bloque de muestra, miles de obras de arte fueron recubiertas con bacterias, con un refuerzo diario durante dos semanas.
El método que aplicó Lugari trabaja desde las moléculas del mármol. No sólo en las esculturas públicas, sino en las ruinas de antiguos recintos palaciegos en Roma. A pesar del éxito que ha tenido la aplicación de bacterias en obras de arte milenarias, estos microorganismos tienen ‘mala fama’. Así lo explica Silvia Borghini, conservadora del Museo Nacional Romano:
“Sólo un número muy pequeño de bacterias son patógenas”, afirma. “Más del 95 % de las bacterias no son perjudiciales para el ser humano […], vivimos en medio de bacterias y vivimos gracias a ellas”.
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Con ello, Borghini reconoce que aplicar este nuevo método en Italia es un reto, debido a que el país rebosa en yacimientos arqueológicos de mármol. Lo que es más: miles de obras de arte elaboradas con este material necesitan ser intervenidas con bacterias para evitar que desaparezcan, o se dañen más.
Para ello, sin embargo, es necesario conducir un proceso complejo. Se requiere “aislar las cepas individuales que prosperan en los tipos de suciedad adecuados, secuenciar su ADN y ponerlas a trabajar”, explica la corresponsal Jacqui Palumbo a CNN. A pesar de ello, concluye la periodista, es un esfuerzo que vale la pena: ha demostrado ser efectivo, seguro y no tóxico para las obras de arte o los seres humanos.
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