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El sexo es la forma más sofisticada que tiene la naturaleza para abrirse paso y crear descendencia.
Compartimos la reproducción sexual con todas las especies animales y algunas plantas; sin embargo, de entre los millones de seres vivos que practican el sexo para reproducirse, sólo algunos cuantos son conscientes de ello.
Y entre ese tanto, únicamente los humanos y el tordalino arábigo (una especie de ave de Oriente Medio) tienen una costumbre completamente que resulta tan normal en el día a día, como extraña para el reino animal: tener sexo en privado.
Pero, ¿cuáles son los orígenes de esta práctica? ¿por qué, a diferencia de los mamíferos más parecidos a los humanos, elegimos tener sexo en privado desde el principio de los tiempos?
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Esta fue la pregunta que motivó la investigación de Yitzchak Ben Mocha, antropólogo de la Universidad de Zurich sobre los hábitos sexuales humanos y su explicación científica.
Para responder a esta incógnita, Ben Mocha analizó distintas culturas de todos los tiempos y geografías en busca de prácticas que favorecieran el sexo público como regla en alguna sociedad determinada. De los 4 mil 752 estudios etnográficos analizados, ninguno mostró conductas relacionadas con el sexo en público, aún en sociedades donde es difícil encontrar un espacio privado.
Al margen de la cultura y la moral que se fincó alrededor del sexo durante milenios, la investigación trató de buscar algún vínculo entre esta conducta y un rasgo evolutivo de la especie humana.
El resultado del estudio sugirió una explicación novedosa que se remonta al comportamiento más primitivo de los humanos: Ben Mocha y sus colegas concluyeron que la razón por la que tanto nuestra especie como el tordalino arábigo practican el sexo en privado, es que de esta forma los machos evitan que los demás ejemplares miren a sus parejas hembras en estado de excitación.
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Según el antropólogo, esta conducta evitaría que otros machos intentaran tener sexo con esta hembra y por lo tanto, funcionaría como un mecanismo de coerción en un grupo, evitando conflictos entre sus miembros.
Aunque apenas es una hipótesis, las investigaciones posteriores sobre el comportamiento sexual humano y su relación con las primeras sociedades podrían sumar en la comprensión de conceptos clave como la familia o la monogamia.
A pesar de que la reproducción sexual asegura una mayor variabilidad entre ejemplares y por lo tanto, evita mutaciones perjudiciales para las especies y provee una mayor respuesta adaptativa al ambiente, las ventajas evolutivas que la convirtieron en la regla en los seres vivos más evolucionados aún no están del todo claras.
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