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Un reciente estudio explora los motivos por los que animales que hibernan, como los osos, no desarrollan problemas asociados a la obesidad o la resistencia a la insulina.
La baja actividad en humanos generalmente resulta en una acumulación de grasa y el consiguiente deterioro de la salud, incluido un mayor riesgo de diabetes tipo II y enfermedades cardiovasculares.
Por su parte, los osos y otros grandes hibernadores han desarrollado inmunidad a estos efectos durante la hibernación.
Consecuentemente, se cree que al aumentar nuestra comprensión de los cambios fisiológicos y celulares experimentados en diferentes especies en hibernación podríamos descubrir una ruta de nuevos tratamientos para enfermedades humanas, particularmente aquellas relacionadas con la obesidad y la resistencia a la insulina.
Investigadores de la Universidad Estatal de Washington (EE. UU.) han dado pasos al respecto al investigar los cambios genéticos en el oso pardo ( Ursus arctos horribilis ) antes y durante la hibernación.
En este estudio, publicado recientemente en Communications Biology, se tomaron muestras de hígado, tejido adiposo y muscular de seis osos durante sus períodos activo, hiperfágico (justo antes de la hibernación) e hibernación.
Luego, los especialistas extrajeron y secuenciaron ARN de estas muestras para determinar cualquier cambio transcripcional entre los diferentes tipos de tejido en los diferentes puntos de su ciclo de hibernación.
Durante la hibernación, los osos mostraron cambios dinámicos en la expresión génica en los tres tipos de tejidos, pero este cambio fue mayor en el tejido adiposo.
Los tres tipos de tejido mostraron cambios similares durante la hibernación con una mayor expresión de genes asociados con las vías anabólicas de proteínas musculares y una menor expresión de genes asociados con la señalización de insulina.
Durante los períodos activo e hiperfagia hubo una gran variación en la expresión génica entre los diferentes tipos de tejidos. Si bien había muchos genes expresados diferencialmente en el tejido adiposo, solo había tres genes en el tejido hepático y ninguno en el tejido muscular.
Los investigadores creen podrían proporcionar una opción útil para desarrollar nuevas terapias para tratar enfermedades humanas y animales como la obesidad, la diabetes tipo 2 y la aterosclerosis .
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