Habitación del Hospital Desierta en Pripyat, Chernóbil. Getty
En el misterioso ambiente dentro de la abandonada planta de energía nuclear de Chernóbil , un grupo de investigadores observaron hongos negros que crecen en las paredes del diezmado reactor nuclear No. 4.
En 1991, se encontró el denominado “hongo negro” o radiotrófico, que crecía en las paredes del reactor, lo que desconcertó a los científicos debido al ambiente extremo y pesado por la radiación.
Los investigadores finalmente se dieron cuenta de que los hongos no solo eran impermeables a la radiación mortal, sino que también parecían sentirse atraídos por ella.
Una década después, los investigadores probaron algunos de los hongos y determinaron que tenía una gran cantidad de pigmento melanina, que también se encuentra, entre otros lugares, en la piel de los humanos.
Al parecer, estas especies están armadas con melanina, la cual les permite convertir la radiación gamma en energía química para el crecimiento.
Los investigadores también sugieren que ha podido ayudarles a protegerse de la radiación dañina. Según explicó el microbiólogo Arturo Casadevall del Colegio de Medicina Albert Einstein en Nueva York a Scientific American:
“En muchos reactores nucleares comerciales, el agua radioactiva se contamina con organismos melanóticos [con pigmentación negra]. Nadie sabe realmente qué demonios están haciendo allí.
Los abundantes niveles de melanina absorben la radiación dañina, convirtiéndola en energía química, de la misma manera que las plantas convierten el dióxido de carbono y la clorofila en oxígeno y glucosa a través de la fotosíntesis.
Es un proceso conocido como radiosíntesis y los científicos creen que podría usarse para beneficiar a los humanos.
Por su parte, científicos de la NASA creen que pueden extraer el poder de la radiosíntesis de los hongos y usarlo para crear una crema solar que proteja contra los rayos del Sol.
¿POR QUÉ EXPLOTÓ LA PLANTA NUCLEAR DE CHERNÓBIL?
Entre los hongos que “mastican” la radiación en el reactor se encuentran: Cladosporium sphaerospermum, Cryptococcus neoformans y la dermatitis Wangiella.
En 2007, investigadores del Colegio de Medicina Albert Einstein, de Nueva York, publicaron en PLoS One un estudio en el que describían cómo la radiación ionizante mejora el crecimiento de ciertas especies de hongos, como las antes mencionadas, que se caracterizan por estar cubiertos del pigmento melanina.
Para Kasthuri Venkateswaran, científico investigador de la NASA que estudió de cerca los hongos en 2016:
“Después del accidente, los hongos fueron los primeros organismos en aparecer y los científicos querían entender cómo pueden prosperar en un entorno así. Los hongos recolectados en el lugar del accidente tenían más melanina que los hongos recolectados fuera de la zona de exclusión.
Esto significa que los hongos se han adaptado a la actividad de radiación, y se encontró que hasta el 20 por ciento eran radiotróficos, lo que significa que crecieron hacia la radiación; les encantó.”
El nuevo trabajo explica la capacidad de estos grupos para fortalecerse y ser capaces de soportar los altos niveles de radiación, incluso algunos literalmente alimentándose de ella, como los denominados “hongos negros”.
Para obtener más información sobre los hongos amantes de la radiación de Chernóbil, investigadores del Jet Propulsion Laboratory enviaron ocho especies recolectadas del área a la Estación Espacial Internacional (EEI) en 2016, para observar cómo reaccionarían los organismos.
El entorno de la EEI expone a los habitantes a entre 40 y 80 veces más radiación que en la Tierra, y esperaban que los hongos produjeran moléculas que lograran adaptarse a fármacos que podrían administrarse a los astronautas para protegerlos de la radiación en misiones a largo plazo.
Sin embargo, los resultados de dicho experimento aún no se han publicado.
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