Según la física cuántica, la nada no existe. En vez de esto, en la escala más pequeña y elemental del universo hallamos una clase de espuma cuántica
Según la física cuántica, “la nada” no existe. En vez de esto, en la escala más pequeña y elemental del universo hallamos una clase de “espuma cuántica“.
John Wheeler explicó el término de “espuma cuántica” en 1955. A este nivel subatómico, la energía se rige por el principio de Incertidumbre de Heisenberg; sin embargo, para comprender este principio y cualquier aseveración de física cuántica, es importante antes entender que el universo se rige por cuatro dimensiones: tres comprendidas por el espacio que un objeto ocupa (vectores “X”, “Y” y “Z”) y una última, que es el tiempo.
El principio de incertidumbre de Heisenberg establece que la energía misma tiene fluctuaciones constantes de lugar y “momentum”, haciendo imposible conocer la localización exacta de una partícula subatómica en un momento dado. Así, una partícula de pronto pudiese aparecer del otro lado de una pared sin haberla atravesado.
¿Cómo ocurre esto? En primer lugar, la incertidumbre aumenta conforme decrece la masa. Por ejemplo, un protón, que tiene una masa pesada, es mucho más estable que un electrón, cuya masa es pequeña. Así, el electrón fluctúa alrededor de un área determinada del protón, pero no sabemos en qué parte del área está el electrón en un momento dado (por lo rápido que se mueve). Mientras más pequeña es la partícula, más energía alberga y, por ende, su variación es mayor.
En segundo lugar, Heisenberg explicó que mientras más estable sea la posición de un objeto, mayor será la fluctuación de su momentum. Así, si la partícula en cuestión está muy cerca de la pared, su campo de movilidad bien pudiera incluir la habitación contigua y, si tiene suficiente energía, pudiera aparecer del otro lado de la misma.
Por otro lado, Einstein estableció en su teoría de la relatividad que la energía tiene el poder de moldear al tiempo-espacio. Así, en una escala pequeñísima, la energía de estas incesantes fluctuaciones debería ser lo suficientemente grande como para alterar la suave superficie del universo como lo conocemos (paredes incluidas). Así, lo que apreciamos como vacío, en realidad es una “espuma” energética.
A nivel subatómico, las leyes físicas como las conocemos, desaparecen.