Las hogueras en el cenote Aktun Ha fueron creadas por el hombre hace más de 10 mil años. Octavio del Río frente a la hoguera principal. Foto: Eugenio Acevez / INAH
El hallazgo se efectuó en la cueva inundada Aktun-Ha, cerca de Tulum, Quintana Roo. Asimismo, los vestigios, se tratan de hogueras (fogatas) con antigüedad de 10 mil 500 años, colocadas en lugares estratégicos que permiten obtener fuego e iluminación, y son una guía para regresar a la superficie.
Las investigaciones llevadas a cabo en las hogueras encontradas en el interior del cenote, ubicado en la zona de Tulum, comprueban que las cuevas del Caribe mexicano, ahora inundadas, fungían como habitáculos que proporcionaban a los primeros pobladores del área refugio contra los grandes depredadores de la época, así como protección contra las inclemencias del tiempo, en ese entonces frío y seco.
Esas cuevas estaban secas a finales del Pleistoceno e inicio del Holoceno, periodo geológico que marca el fin de la Era de Hielo y el ascenso del agua del mar a su nivel actual.
La investigación realizada en el Instituto de Geología (IGL), con el apoyo del IIA, y en conjunto con integrantes del INAH, fue dada a conocer hace unos días en la revista internacional Geoarchaeology, y confirma la hipótesis de que se trata de vestigios antiguos del uso de fuego de los primeros pobladores de la Península de Yucatán.
Es una cueva inundada –– cenote ––, en total oscuridad, que hace 15 mil años, cuando el nivel del mar era 150 metros más bajo que el actual, estaba seca. Los primeros pobladores pudieron usarla de morada o para realizar rituales.
En ese sitio único, a 30 metros bajo el agua y unos 100 metros de la entrada, en el salón o galería conocido como Cámara de los Ancestros, arqueólogos de la Subdirección de Arqueología Subacuática del (INAH) encontró 14 hogueras prehistóricas, cuyas muestras –– obtenidas entre 2017 y 2018 –– fueron sometidas a estudios de laboratorio:
El primero, explica el arqueólogo Luis Alberto Martos López, adscrito a la Dirección de Estudios Arqueológicos (DEA) del INAH, relativo a una antigüedad que oscila entre 10 mil 750 y 10 mil 250 años antes del presente. Esta es la temporalidad más antigua reportada para carbón con asociación humana en un cenote de la península, coincidente con el fin de la última glaciación, ocurrida en el transcurso del periodo Pleistoceno al Holoceno.
El segundo y más importante, es la confirmación de que dichas hogueras –algunas de las cuales alcanzaron temperaturas de 600°C– tuvieron un origen antropogénico in situ, es decir, se descarta que los restos de carbón llegaran mediante la acción natural del agua tras el aumento del nivel del mar en la Tierra.
El universitario explicó en un comunicado que hace por lo menos 13 mil años llegaron poblaciones del centro de México al territorio que ahora ocupa Quintana Roo. En los sistemas de cuevas cercanas a Tulum se han encontrado ocho individuos (esqueletos) “que hemos estudiado, y vemos que la forma del cráneo no se parece a la de sus contemporáneos”.
Sus antepasados venían de climas más fríos, al norte del continente. “Sus cráneos eran más largos y angostos, muy diferentes a los de las poblaciones indígenas actuales, que son de cara más ancha”.
Se sabe que la población prehistórica de Quintana Roo no habitaba en las cuevas, sino que las utilizaban como contextos funerarios y rituales.
Esa población perduró más de cuatro mil años y en ese lapso se diferenció del resto de los grupos del continente. Es decir, los esqueletos de Quintana Roo tienen variantes en comparación a los encontrados al norte o sur de América, “seguramente por el aislamiento geográfico en el que vivieron, probablemente en un ambiente selvático, de clima húmedo parecido al actual”.
Sin embargo, reconoció el universitario, se necesita más evidencia, pues a pesar de 20 años de investigación no se han encontrado evidencias culturales asociadas a los esqueletos, como herramientas de piedra u ofrendas; se desconoce cómo era su tecnología o adaptación cultural.
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