Foto: Getty
El 31 de enero de 1971, la misión Apolo 14 inició sus labores de nueve días en el espacio. Junto con un equipo científico y tecnológico de alto nivel, el módulo de comando y servicio Kitty Hawk también contenía 500 semillas: un legado espacial.
Tales semillas son hoy en día árboles enormes que, a pesar de la radiación espacial duradera, viven y crecen en la Tierra.
En la década de 1970, los astronautas llevaban todo tipo de objetos a la Luna, por lo que el Jefe del Servicio Forestal de los Estados Unidos contactó al futuro astronauta Stuart Roosa para proponerle enviar algo pequeño pero poderoso al espacio: semillas de árboles.
Mucho antes de que Roosa se convirtiera en astronauta, comenzó su carrera militar como un bombero especialmente entrenado para lanzarse en paracaídas sobre terrenos remotos y combatir incendios forestales.
Quería rendir homenaje al Servicio Forestal, por lo que accedió a la solicitud.
Cuando despegó el cohete del Apolo 14, Roosa había empacado alrededor de 500 semillas de:
Como él era el piloto del módulo de comando, nunca llegó a la superficie lunar, ni tampoco las semillas, pero sí realizaron 34 órbitas de la Luna antes de volver a la Tierra.
Una vez que los astronautas regresaron a la Tierra, las semillas (dentro de su recipiente) fueron sometidas a un procedimiento de descontaminación, pero el recipiente se rompió y las semillas se mezclaron.
En ese momento, se pensó que podrían estar demasiado dañadas para poder germinar, aunque seguían siendo un legado espacial.
Afortunadamente, varios investigadores descubrieron que la mayoría de las semillas sobrevivieron. Posteriormente, y a partir de 1975, se plantaron en varios lugares de los Estados Unidos. Inclusive dos árboles han sido plantados en la última década.
Debido al largo viaje de estas semillas espaciales se pudo comprobar que la radiación cósmica (partículas de alta energía de las que están protegidos los seres vivos debido a la atmósfera) es un problema real en el espacio.
Diferentes tipos de radiación afectan a los astronautas en las misiones.
Por otra parte, las semillas son extremadamente resistentes, de hecho, algunas pueden sufrir 200 veces la dosis de radiación necesaria para matar a un humano y aún así germinar.
Además, está el problema de la falta de gravedad. Éste podría haber afectado a las semillas en el espacio, pero la mayoría de las investigaciones realizadas sobre plantas en microgravedad se realizan en las plantas mismas, no en las semillas.
En general, es poco probable que hayan cambiado mucho por su breve estadía en el espacio. Sin embargo, resulta increíble que hayan llegado a allá y estén creciendo y floreciendo, incluso mejor que muchos de los árboles completamente terrestres.
Con información de National Geographic.
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