La historia de Anacaona es también la del pueblo taíno, el primer grupo indígena con el que Cristóbal Colón se encontró en América.
En su famoso documento Historia de las Indias, fray Bartolomé de Las Casas describió a Anacaona como “una muy notable mujer, muy prudente, muy graciosa y palaciana en sus hablas y artes y meneos y amicísima de los cristianos”.
Anacaona significa “flor de oro”. Su historia es también la del pueblo taíno (también conocido como arawak por compartir el idioma arawak con otros grupos de las Antillas), el primer grupo indígena con el que Cristóbal Colón se encontró a su llegada a América. Habitaban desde el actual territorio de las Bahamas hasta Cuba, Jamaica, la Española o Puerto Rico.
Anacaona era una hermosa princesa taína bien recordada por su singular belleza, pero también por ser una mujer culta, inteligente, que creía en la paz y la belleza de las palabras.
Pero hoy la recordaremos también por la valentía que le llevó a plantar cara al explorador genovés, de quien tantas veces se ha dicho que descubrió América, pese a no ser así del todo.
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Vida de Anacaona
Se cree que Anacaona tenía 18 años cuando Colón y sus navegantes llegaron a Quisqueya (“madre de todas las tierras”), Bohio (“casa para los taínos”), Babeque (“tierras con oro”) y “Ayti”, la isla principal de los taínos, que estaba dividida en cinco cacicazgos.
El cacicazgo de Jaragua estaba bajo el mando de Bohechío, el hermano de Anacaona, mientras que ella vivía en Maguana, pues se había casado con su cacique, Caonabo.
La princesa era querida por muchos, pues además de un carácter generoso, también destacaba por componer hermosos poemas y canciones. Esto la hacía destacar en los areítos, donde los taínos cantaban, recitaban y bailaban en eventos importantes como la visita de un cacique.
Su encuentro con los españoles
La historia dice que el encuentro de Anacaona con los europeos fue positivo, pese a la actitud opresora de los conquistadores. Sin embargo, también era una mujer valiente y justa que se dio cuenta de que su pueblo se enfrentaba a visitantes peligrosos.
Los españoles habían construido un fuerte, el cual se dice que fue destruido por los taínos. Según diversas fuentes, Anacaona convenció a su marido de plantar cara a los españoles después de que éstos cometieran algunos abusos en contra de las mujeres y hombres del pueblo.
Sin embargo, esta versión es cuestionada por expertos como Luisa Navarro, exdirectora de la escuela de Historia y Antropología de la Universidad Autonoma de Santo Domingo:
“Para llegar desde donde estaba hasta el fuerte había que subir por la cordillera Septentrional y bajar del otro lado para llegar a la zona costera del valle del Atlántico… algo que le habría tomado al menos 63 horas a pie”.
“¿Cómo hizo Anacaona ese viaje para saber qué estaba pasando y volver a decírselo a Caonabo?”, se pregunta la experta en entrevista para BBC Mundo.
Caonabo fue detenido por insurrección y murió durante el viaje que pretendía llevarlo hasta España.
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Cambio de vida
Viuda, Anacaona se fue a vivir con su hermano. En este territorio entró en contacto con Bartolomé Colón, hermano menor de Cristóbal. La princesa convenció a su hermano de que debían pagarle un tributo al europeo y reconocer la soberanía de los reyes de España.
Se habla de que la convivencia entre los hermanos y Colón fue pacífica. Incluso éste los invitó una ocasión a uno de sus barcos para darles un recorrido que dejó a los taínos maravillados.
Cuando en 1502 falleció Bohechío, hermano de la princesa, ésta asumió el liderazgo de Jaragua, en medio de un ambiente de tensión entre los diversos caciques con los conquistadores.
La tensión era tanta que llegaron rumores de una posible sublevación hasta los oídos del nuevo gobernador de las Indias, el comendador de Lares frey Nicolás de Ovando.
Y según las versiones, Anacaona era una de las principales instigadoras de este movimiento que pretendía rebelarse a los españoles. Por ello, Ovando partió rumbo a Jaragua a tomar cartas en el asunto.
Sin embargo, la cacique no tenía en mente otro plan más que mantener la paz con los conquistadores, pese a los evidentes abusos que cometían en contra de su pueblo. Cuando se enteró de que el gobernador de las Indias iría a verla, preparó un gran recibimiento para este personaje.
La traición y el final para la cacique
Cuando Ovando llegó a Jaragua, fue recibido con honores y una gran celebración.
Los españoles quisieron pagar con la misma moneda y pidieron a los caciques y otros líderes reunirse con ellos en una casa de madera. Felices, los taínos accedieron sin saber que todo era una trampa: fueron encerrados y quemados vivos.
Al mismo tiempo hubo una matanza de taínos, que incluyó la muerte de niños. Los siguientes meses, la población originaria de la isla fue diezmada hasta que pocos lograron sobrevivir al genocidio. A este episodio se le conoce como la Masacre de Jaragua.
Anacaona fue atrapada y llevada a la isla de Santo Domingo donde murió en la horca.
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