En una página olvidada del libro de órdenes, Enrique VIII describe con detalle cómo quería que su segunda mujer, Ana Bolena, fuera ejecutada.
A los 29 años, Ana Bolena fue acusada de adulterio y condenada a muerte por su esposo, Enrique VIII de la dinastía Tudor, a la pena máxima: decapitación inmediata en la Torre de Londres. El 19 de mayo de 1536, habría de morir en manos de un verdugo francés por una denuncia falsa.
Primera ejecución pública de una reina inglesa
Al interior de la Torre Verde, en donde se ejecutaba a criminales y traidores de La Corona inglesa, Ana Bolena perdería la vida. Después de tres años de matrimonio con el monarca absoluto de Inglaterra, tendría que recorrer un patio abarrotado por una multitud de espectadores, flanqueada por dos guardias.

Su semblante estaba en calma mientras subía al cadalso: no parecía que fuera la primera vez que una reina inglesa sería ejecutada en público. Moriría por una acusación frontal de infidelidad, emitida directamente por su marido. El aparato burocrático de los Tudor permitió que el procedimiento fuera sencillo: el rey dio la orden y los demás obedecieron.
Este juicio histórico, que terminó en las últimas consecuencias, ha sido ampliamente documentado a lo largo de la Historia. Sin embargo, recientemente se descubrió un documento nuevo, que da información importante sobre este suceso clave de la Historia Británica.
En los libros de las órdenes judiciales de los Tudor, se encontró un capítulo en el que el mismo rey describe con minucioso detalle burocrático cómo quería que su segunda mujer fuese decapitada. En estos documentos, se tiene registro de los peores crímenes del siglo XVI. Entre ellos, se encuentra la acusación falsa de infidelidad de Ana Bolena.
Sus últimas palabras
Antes de que un verdugo traído especialmente para la ocasión desde Calaïs, Francia, le diera un golpe limpio en la yugular, la monarca pronunció estas palabras:
“No he venido aquí para acusar a nadie, sino que rezo a Dios para que salve a mi rey soberano y al de ustedes, y le dé mucho tiempo para reinar, pues es uno de los mejores príncipes en el mundo, quien siempre me trató tan bien que no podía ser mejor. Por lo tanto, me someto a la muerte con buena voluntad, pidiendo humildemente el perdón de todo el mundo”.
Para que esto sucediera, Enrique VIII tuvo que organizar los días de la serie de ejecuciones programadas: la de su mujer no era la única, sino que había otros varios acusados, entre los cuales estaba su propio hermano. Todos estos detalles se describen detalladamente en esta página, recientemente encontrada en el Archivo Nacional.

El rey quería dejar registro sobre la necesidad de establecer un protocolo riguroso sobre cómo ejecutar a una reina inglesa. De esta forma, el aparato burocrático podría fluir con una especie de receta para saber qué hacer y cómo llevarlo a cabo. Pareciera que su intención era que se cumpliera con todo de la manera más oficial posible.
Un corte limpio
Originalmente, la intención de Enrique VIII era que su mujer ardiera en madera verde, una de las muertes más dolorosas y lentas de las que se tiene registro. Sin embargo, para mostrar su benevolencia, hizo traer a un verdugo francés para que el procedimiento fuera más rápido.
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