Desde estudios psicológicos, hasta experimentos realizados en prisioneros de guerra, escalofriantes prácticas que cuestionan la ética médica
El escuadrón japonés 731
De 1930 a 1940, la Armada Imperial Japonesa realizó una guerra biológica y pruebas clínicas en civiles, principalmente en China. La tasa de mortalidad de estos experimentos es desconocida, pero se cree que murieron más de 200,000 personas.
Entre las atrocidades hubieron infecciones de pozos con cólera y tifoidea, y pulgas infectadas con la peste eran propagadas por las ciudades chinas. Los prisioneros eran obligados a marchar en temperaturas bajo cero para posteriormente determinar el mejor tratamiento para la congelación.
Posteriormente miembros de la unidad admitieron que a algunos prisioneros se les daba gas venenoso, se les ponía en cámaras de presión hasta que se les salían los ojos e incluso se les diseccionaba mientras estaban vivos y conscientes.
Tras la guerra, el gobierno de E.U.A. ayudó a mantener los experimentos en secreto como parte de un plan para que Japón fuera su aliado durante la Guerra Fría.