Cada 31 de octubre cientos de personas en distintas partes del mundo salen disfrazadas a las calles para celebrar el Halloween. Esta tradición es el resultado de la unión de dos doctrinas distintas y es celebrado desde el siglo XIX.
¿Por qué se le llama Halloween?
La Noche de Brujas o Halloween se festeja cada año el 31 de octubre, un día antes del Día de todos los Santos –– en el calendario cristiano –– originalmente llamado All Hallows´ Eve. Su nombre se deriva del inglés antiguo, la palabra hallowed significa santificado o sagrado. Aunque es más conocida por la derivación Halloween, que significa lo mismo.

Algo de historia
Esta celebración surge a principios del siglo VII, el Papa Bonifacio IV consagró el Panteón en Roma como una iglesia dedicada a Santa María y los Mártires y ordenó que se les festejara el 13 de mayo.
Después, por órdenes del Papa Urbano IV se decidió que este día se convertiría en el Día de Todos los Santos, para incluir a todos aquellos que no tenían un festival propio. En el siglo VIII, el 1 de noviembre, el Papa Gregorio III dedicó una capilla a todos los santos en La Basílica de San Pedro en Roma. Finalmente, el Papa Gregorio IV declaró el 1 de noviembre como el Día de Todos los Santos para la iglesia Occidental.

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La mezcla de tradiciones
Por otro lado, se cree que el Halloween está influenciado por un antiguo festival de la cultura celta (de los pueblos tribales de Europa) llamada Samhain, el cual fue cristianizado por la Iglesia.
El Samhain –– que significa fin de verano –– fue una celebración del final de la cosecha y la preparación para el invierno. Los misioneros de la iglesia –– que cristianizaron a los celtas –– quisieron escoger un festejo en ésta época del año para absorber las prácticas de la tribu. De este modo amenizaron el proceso de conversión y facilitaron la mezcla de culturas.

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¿Por qué se usan disfraces?
Los celtas se vestían de blanco y se pintaban la cara de negro durante Samhain para engañar a los espíritus malignos que estarían rondando antes del Día de los Santos.
En el siglo XI, la Iglesia adoptó una tradición llamada souling donde los niños pasaban de puerta en puerta pidiendo por una recompensa a cambio de rezar por las almas de amigos o parientes muertos. Se vestían de ángeles, demonios o santos. Esto evolucionó convirtiéndose en el famoso Trick or Treat que quiere decir Dulce o Truco, donde los niños piden dulces a cambio de no hacer travesuras.

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