Un nuevo estudio revela que, más allá de la ética, es el estado de humor que interviene a la hora de tomar decisiones
¿Qué hace a una persona moralmente buena o mala? Un nuevo estudio revela que, más allá de la ética, es el estado de humor que interviene a la hora de tomar decisiones. Un equipo de psicólogos liderados por el Dr. Bernhard Pastötter de la Universidad de Regensburg en Alemania ha demostrado lo volátil que es un juicio moral.
Imagina que, al andar sobre un puente peatonal, miras hacia abajo y te das cuenta de que un tranvía sin control está a punto de atropellar a cinco personas distraídas. Junto a ti, está parado un hombre gordo cuya masa corporal frenaría al vehículo. La única manera de salvar la vida de aquellas personas es arrojando al hombre. ¿Empujarías al señor o dejarías morir a las otras cinco personas?
La respuesta a esta pregunta puede depender de tus sentimientos ya que establecen cierta inclinación al momento de ejercer un criterio. Por lo tanto, las emociones y el pensamiento lógico no se oponen, sino que interactúan constantemente para determinar nuestro comportamiento.
Durante la investigación, se les creó a los participantes un estado emotivo tras pedirles escuchar cierta música y escribir un episodio autobiográfico. Aquellos que debían estar en un humor positivo escucharon la “Pequeña serenata nocturna” de Mozart y anotaron un recuerdo positivo. Quienes pertenecían al grupo negativo escucharon “Adagio para cuerdas Opus 11” de Samuel Barber y escribieron una memoria negativa. El grupo neutro escuchó “La calculadora de bolsillo” de Kraftwerk y escribió un recuerdo neutro.
Posteriormente, se les presentó a los voluntarios el dilema anterior. A la mitad de ellos se les preguntó: “¿Crees que es correcto ser activo y empujar al señor?” A la otra mitad, se les formuló la pregunta de la siguiente manera: “¿Crees que es correcto ser pasivo y no empujar al señor?”
Sobresalieron los partícipes de estados positivos y negativos, ya que quienes tenían un humor positivo asentían a ambas preguntas. De manera opuesta, quienes tenían un humor negativo disentían a ambas preguntas. Esto se debe a que el humor positivo predispuso a los sujetos a validar los pensamientos accesibles. Lo opuesto sucedió con el estado negativo.
Dado los resultados, los investigadores ahora se interesan por saber si emociones específicas, como la tristeza o el enojo, también producen cambios sutiles en la formulación de juicios morales.